«Mi marido tiene párkinson y estamos sin un duro»

La Razón
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Siempre ha tenido un carácter indomable y un genio peligroso. Los periodistas la temen y ella los odia, pero accede a hacer declaraciones siempre y cuando sea para defender la honra de su familia. Pasan los años, aumentan las deudas y asoman las mentiras, pero Teresa Rivero sigue defendiendo a capa y espada a su marido y el imperio que ambos construyeron. Aunque es un secreto a voces que a ambos se les acabó el amor hace tiempo, la ex presidenta del Rayo Vallecano ha decidido volver a la casa de Pozuelo en la que criaron a sus trece hijos –y que ahora les van a embargar– para acompañar a José María en estos duros momentos y cuidar de él.

–¿Es cierto que su marido vive abandonado, que su familia le ha dado de lado?

–Mi marido no está abandonado. Aquí tiene a su familia. Ahora mismo nuestros hijos están todos casados y ya no vive aquí ninguno, pero vienen a vernos muy asiduamente. Abandonar es dejar a una persona ahí sola sin nadie en casa. Pero está aquí conmigo. De abandonado, nada.

–Pero en Navidad su marido prefirió quedarse en la habitación para no encontrarse con alguno de sus hijos...

–Eso no es verdad. Hemos pasado las fiestas todos aquí juntos. Y eso de que se ha quedado encerrado en la habitación es mentira.

–Hay quien asegura que ustedes hacen vidas por separado e incluso compartiendo el mismo techo, cada uno permanece en una planta distinta para no encontrarse.

–¡Sí, claro! Como si tuviésemos tanto como para vivir en plantas separadas... Que no digan más estupideces ni engaños.

–Porque, permítame la indiscreción, ¿ustedes siguen siendo pareja?

–¿No le he dicho que estamos viviendo juntos en la misma casa y que está atendido? ¿A qué viene esa pregunta estúpida?

–Sí, pero en su momento planearon rumores de infidelidad sobre su matrimonio. Una ex trabajadora de su marido aseguró haber mantenido una relación con él.

–Eso son mentiras para hacernos daño. Hay gente muy mala. Yo confío plenamente en mi marido, con el que llevo más de 55 años casada.

–¿Y cómo se encuentra de salud?

–Tiene párkinson, pero sigue su tratamiento y está perfectamente. Eso que se ha publicado de que ha tenido un derrame en el brazo es falso.

–¿Es cierto que no se puede mantener en pie durante mucho tiempo y que su estatura ha menguado?

–Eso son bobadas. Gracias a Dios está bien de salud y no hay ningún problema. Lo único que nos pasa es que estamos sin un duro.

–¿Tan complicada es su situación económica?

–Estamos viviendo un momento extraño; son tiempos tremendos. Nos han hecho mucho daño y ahora estamos sufriendo las consecuencias. No tenemos ni para poner la calefacción. Ya no tenemos empleados en la casa. Ni asistentas, ni jardinero, ni chófer... De hecho, el agua de la piscina está verde.

–Y si finalmente se produjese la subasta de su actual residencia, ¿tendrían algún lugar en el que vivir?

–No, no tenemos ningún lugar al que ir. No podemos. ¿Dónde nos vamos a ir si no tenemos ni un duro? Tenemos que seguir viviendo en esta casa.

–¿Y sus hijos no les pueden ayudar?

–Ellos tampoco tienen capacidad para ayudarnos. La cosa está muy mal.

–¿Y qué piensa José María de esas personas que se sienten estafadas y engañadas?

–Él nunca ha sido un estafador. Al revés, siempre se ha caracterizado por dar mucho trabajo y por tener a todo el mundo muy bien pagado. Cuando lanzó Nueva Rumasa, todo el mundo estaba encantado. Pero después de la canallada que le hicieron... Es una persona decente y honrada, no como otros que han estado a su lado y son unos indeseables.