Psy da el cante

El artista surcoreano que ha reventado las listas de ventas fue un «pijoflauta» y coqueteó con las drogas

El coreano Psy, durante uno de sus multitudinarios conciertos
El coreano Psy, durante uno de sus multitudinarios conciertos

Park Jae-Song era un gordito simpático, un niño pijo con fama de gamberro que a fuerza de llamar la atención se había ganado un hueco en el competitivo panorama musical surcoreano, un ambiente poblado de estrellas pop con peinados eléctricos, ropa apretada y coreografías presuntamente «sexy». Bajo el nombre artístico de PSY, se le consideraba un producto más o menos original de la subcultura de la capital. La Prensa había llegado a definirlo como «el rapero rarito» y ningún productor con dos dedos de frente habría apostado por él para conseguir lo que la industria llevaba años intentando: exportar la música surcoreana a Occidente, el siguiente paso después de haber conquistado los mercados asiáticos. Él, por otra parte, tampoco parecía interesado, se había convertido en un habitual en los conciertos de protesta contra el «imperialismo estadounidense». Su territorio, convenían quienes le conocían, eran los ambientes alternativos de Seúl.

Entonces ocurrió algo bastante estúpido que trastocó cualquier previsión. PSY y sus coreógrafos llevaban casi un mes probando bailes para su próxima canción, una burla de la vida de Gangnam, el barrio en el que vive toda la élite de Corea del Sur. Se juntaban por las noches y parodiaban los movimientos de algún animal. Se pusieron a cuatro patas, como perros; gruñeron como cochinos; se golpearon el pecho como gorilas; e incluso reptaron por el suelo haciéndose pasar por serpientes un día que se les fue la mano con la cerveza. Hasta que a uno de ellos se le iluminó la cara viendo un programa sobre equitación. «¡Trotemos como caballos!», propuso. Lo hablaron, lo probaron, lo grabaron, lo lanzaron, alguien lo subió a internet y, en cuestión de unos meses, era lo más visto de YouTube. Famosos de todo el mundo se peleaban por bailarlo antes que sus competidores: Madonna, Sebastian Vettel, Jennifer López con su madre... El mismísimo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tuvo que consultar con sus asesores si era conveniente, o no, acudir a un concierto benéfico de PSY.

El gordito simpático se había convertido a sus 34 años y de manera totalmente inesperada en una estrella internacional, una versión «viral» de Los del Río y su «Macarena». En las miles de entrevistas que ha dado desde entonces, reconoce estar un poco abrumado por el éxito y tiende a rebajar la importancia «ideológica» de su canción, en la que algunos han llegado a ver una sarcástica crítica social. Mucho o poco, algo de eso hay. El «estilo Gangnam» está grabado en su barrio, donde se concentra el poder de uno de los países más ricos de Asia y el tercero con más desigualdades sociales de la OCDE. Su parqué inmobiliario tiene más valor que todo Busan, la segunda ciudad más grande del país.

Park Jae-Song sabe de lo que habla porque creció precisamente en Gangnam, aunque no le alcanzó su mediocre expediente académico para ir a la Universidad de Seúl. Tampoco se sintió nunca atraído por las finanzas a pesar de ser el único heredero de una familia relativamente importante que posee varias empresas. Se marchó en 1996 a estudiar a Boston. Pronto lo dejó porque le ponían «demasiados deberes» y pasaba muchas horas en clase, según reconoció después. Sin decir nada y con el dinero que le habían dado sus padres, se compró un equipo para hacer música por ordenador y empezó a escuchar hip-hop. Alguna vez ha dicho, quizá bromeando, que una de las principales motivaciones para hacerse rapero es que «te puedes hacer cantante sólo hablando rápido». Sin salir de Boston, se matriculó en una escuela de música, el Berklee College of Music. «Nadie sabía nada hasta que en 1998 le llegó una carta a mi padre sobre una actividad de la escuela. Cuando se enteró, mi familia enfureció». Entre sus mayores polémicas destaca una detención por consumo de marihuana, por la que tuvo que dar explicaciones a sus seguidores.

Al volver a Seúl, escogió nombre artístico y grabó su primer álbum («From the Psycho World»). Al público joven le sorprendió la frescura de un tipo al que no le importaba hacer el ridículo en las coreografías, y que decía palabrotas (uno de sus discos fue prohibido a los menores de 19). Sin salirse demasiado de ese estilo, ha acabado siendo el mayor éxito empresarial de su clan.

«Matad a sus hijas»

La traducción de unas estrofas que PSY entonó en 2004 durante un concierto contra la guerra de Irak le han generado muchos enemigos en EE UU, hasta tal punto que se vio obligado a pedir perdón. Nadie esconde que el surcoreano ha sido muy crítico con EE UU en las letras de sus canciones, pero sus asesores insisten en que la polémica está basada en una mala traducción. Así, cuando PSY pidió a su público «matar a sus hijas, sus madres, sus nueras y sus padres, matadlos lentamente y dolorosamente», se estaba refiriendo a los criminales de guerra y no a los estadounidenses en general.