Reforma laboral en La Bardemcilla

LA RAZÓN accede al documento que acredita que la familia de artistas cierra su restaurante La Bardemcilla y deja sin trabajo a toda la plantilla. «No les importa dejar morir el negocio», dicen indignados los empleados

Interior del local donde se muestran las precarias instalaciones tras un derrumbamiento del techo
Interior del local donde se muestran las precarias instalaciones tras un derrumbamiento del techo

«Cualquier sitio es idóneo para reivindicar lo que sea necesario». Así arrancaba a su llegada a la Gala de los Goya 2013 el oscarizado Javier Ángel Encinas Bardem. Siempre solidario con el pueblo español y el saharaui, reivindicó aquella noche, una vez más, que las prestaciones sociales estaban mermando. Habló de los recortes sanitarios, de los desahucios y de las vidas que en este país se había llevado consigo la lucha por las libertades. «Lo que no es idóneo es hacer cortapisas. Si por algo hemos luchado es por la libertad de expresión», dijo. Pues bien, hoy seré yo quien haga uso de este derecho y también del de información. El miércoles por la tarde, mientras caminaba por mi barrio natal, Chueca, decidí entrar a comer en La Bardemcilla, el famoso bar-restaurante del clan Bardem. Un lugar lleno de recuerdos de esta estirpe de artistas. Hace más de 12 años los tres hermanos, Mónica, Carlos y Javier, y la matriarca, Pilar, decidieron invertir parte de su dinero en el negocio de la hostelería. Los cuatro crearon una empresa denominada Mi Buenos Aires querido S.A. y pusieron al mando de la sociedad como administradora única a Mónica, la niña de la familia.

¿Un negocio rentable?

Pues bien, mientras remataba mi plato de cocido madrileño, se acercó una amiga a saludarnos a mí y a mi esposa, Sol. Estaba triste, ya que según me contó venía al restaurante para despedirse de sus amigos ya que este domingo 24 de marzo, La Bardemcilla apagaba sus fogones. Los Bardem han cerrado el negocio y por lo tanto los empleados se han quedado sin trabajo. Pero ¿tan mal les van las cosas? «No, según dicen no es así, pero la hermana de Javier ha decidido cerrarlo». Cuando mi amiga termina de explicarme el asunto levanto la mirada y le pregunto a uno de los camareros si es cierto que cierran. Tímidamente comienza a desahogarse y me reconoce que «este restaurante es un buen negocio» y que, aunque digan por ahí «que están en quiebra, es mentira. Todos los que trabajamos aquí sabemos lo que se factura. Los viernes, sábados y domingos no te puedes imaginar cómo está de gente». En La Bardemcilla hay trabajadores con más de ocho años de antigüedad, por lo que todos ellos se definen como una gran familia, que, junto con Mónica, Javier, Carlos y Pilar, han tirado del carro del negocio haciendo horas extra, jornadas semanales interminables e, incluso, han trabajado los domingos. Como el cliente es el que manda, en el barrio de Chueca ellos cerraban los lunes.

El pasado 5 de marzo, Mónica, la administradora única del negocio, comunicó a sus trabajadores que iba a cerrar el restaurante y que tenían que elegir –ya que en La Bardemcilla no hay comité de empresa– a tres representantes entre los trabajadores para sentarse en la negociación, puesto que iba a presentar un Expediente de Regulación de Empleo, al que ha tenido acceso LA RAZÓN. Así lo hizo público entre los suyos, sin previo aviso. Dicho y hecho, el 8 de marzo la empresaria entregó los papeles del ERE a sus empleados después de hacer la comunicación a la Dirección General de Trabajo de la Comunidad de Madrid. En él se informaba de que la empresa está formada por 11 trabajadores y que la extinción de los contratos tendrá efectos de fecha 31/03/13.

Penosas condiciones

Otro de los camareros presentes muestra su desesperación y señala con el dedo la foto que preside la barra del restaurante: «La empresa es de los cuatro que salen en la foto. Ellos son los dueños. ¿Y no tienen dinero? ¿Este negocio no da dinero? Aquí se han hecho miles de euros semanales, ¡miles! Lo que están haciendo es dejar morir el negocio sin importarles lo que nos pase a ninguno de nosotros ni a nuestras familias. Tenemos alquileres e hipotecas que pagar», reinvindica. En ese momento me viene a la mente la imagen de Pilar Bardem en la gala de los Premios Goya con las proclamas de «No a los recortes y a los desahucios» lo que me sugiere la mala memoria de los Bardem.

La estrategia de la familia –en vez de intentar solucionar los posibles problemas internos con una ampliación de capital, rotar la plantilla, ajustar los horarios, cerrar entre semana o aumentar su publicidad para mejorar la facturación– ha sido no invertir un euro más en esto y declararse en «bancarrota» ante sus trabajadores, ya que, al parecer, han optado por presentar un concurso de acreedores voluntario. Hasta el momento no se ha podido confirmar esta información que circula entre los trabajadores, ya que no hay constancia de la presentación de la documentación necesaria para acogerse a concurso. Pero aquí no queda el asunto, ya que Mónica, antes de comunicar su decisión a los empleados, ya había acordado con la propiedad del inmueble la entrega de las llaves. Un plan perfecto: mañana echa el cierre, envía a su plantilla de vacaciones hasta el 31 de marzo y ese día desaparece La Bardemcilla. Y todos a la calle, salvo la niña de los Bardem, que comparte la propiedad de otro local en la plaza de Santa Ana de Madrid con su actual pareja.

También es necesario subrayar, algo que puede indignar a más de uno, que tras el ERE de los Bardem se encuentra la posibilidad que barajan de pagar las indemnizaciones de sus trabajadores a costa del Fondo de Garantía Salarial, (FOGASA), ya que la empresa Mi Buenos Aires Querido S.A. se podrá declarar insolvente al no se poder hacer frente a este desembolso económico con su patrimonio. En definitiva, que las deudas de ellos podrían terminar siendo pagadas a través de los impuestos de los españoles.

Por otra parte, durante mi última visita al local a punto de extinguirse descubro que aparentemente éste no cumple con las medidas de seguridad ni salubridad obligatorias para sus empleados y por descontado, para sus clientes. Hace unos días se les cayó el techo de la barra y parte de la cocina, así que tras una gran tela estampada se esconde el precinto blanco y rojo de los Bomberos del Ayuntamiento de Madrid. Los camareros sortean las bebidas en sus bandejas entre las vigas que apuntalan el techo. Todo un cuadro.

Entre Beckham y Pedro Almodóvar

El común de los mortales ha podido degustar en La Bardemcilla sus famosas croquetas al lado de John Malcovich, Sean Penn, Robert de Niro y David Beckham, sin Victoria, claro, que allí también huele a ajo. Aunque coincidir con ellos es más complicado que hacerlo con otras caras conocidas patrias también asiduas, como Pedro Almodóvar. Varios políticos también los visitan en los descansos parlamentarios.

«Genética pancartera»

La familia Bardem nunca ha ocultado su ideología de izquierdas, es más, la ha hecho pública a golpe de pancartas en varias ocasiones. Todos ellos son ya actores principales en las manifestaciones políticas. La última vez que se les vio juntos vociferando, el pasado 19 de julio, cuando, tanto Pilar como sus hijos, Javier y Carlos, acudieron sin pensarlo dos veces y con controvertidos modales a la convocatoria en Madrid para protestar contra la subida del IVA cultural. En ella, Pilar aprovechó para acusar sin tapujos al Gobierno de «provocar la ruina de todos los sectores». La ruina, ahora, parece ser La Bardemcilla.