Lolita: «Ya es hora de que mi vida sea mía y de nadie más»

Lolita me recibe en su camerino del teatro Nuevo Apolo de Madrid, donde representa la obra «Sofocos» junto a Paz Padilla, Fabiola Toledo y Ana Hurtado, hecha un ovillo en un sillón de orejas fucsia que se ha traído de casa, tapada con una mantita y sin maquillar.

Lolita me recibe en su camerino del teatro Nuevo Apolo de Madrid, donde representa la obra «Sofocos» junto a Paz Padilla, Fabiola Toledo y Ana Hurtado, hecha un ovillo en un sillón de orejas fucsia que se ha traído de casa, tapada con una mantita y sin maquillar. ¿Y las fotos? «Ahora me maquillo y me peino yo en cinco minutos». Antes de empezar la entrevista hablamos de cómo está todo y me dice que ella es una privilegiada porque tiene trabajo y lo tienen sus hijos: «Elena va a empezar una serie y Guillermo, ya con 19 años, va para productor musical». ¿Y usted bien? «Yo muy bien, muy tranquila y enganchada a Apalabrados: en cuanto llego a mi casa y me meto en la cama no puedo parar de jugar».

–Pensé que la encontraría sofocada...

–Es que en la premenopausia, que es donde estoy, me dan cuatro o cinco sofocos de vez en cuando, pero no me alteran.

–¿Por qué será que se confiesa la premenopausia pero la menopausia se oculta?

–Yo voy a llegar a la menopausia, pero todavía no estoy. ¿Qué hago?

–No lo digo por usted, sino en general.

–Ayer me encontré a Carmen Lomana y me dice ella que es tan divertida: «tengo una amiga que tiene 57 años y dice que está con la regla. Y le he dicho chica, vete al médico porque lo que tienes es un cáncer...». Pero yo llevo sin regla desde julio; a mi madre también se le fue muy tarde.

–Los hombres no hablan de andropausia... ¿Por qué hay que hablar de la menopausia y hasta reírse de ella en el teatro?

–Pues para darse cuenta de que no es nada del otro mundo. Yo me acuerdo de que antiguamente cuando te venía la regla te decían: «No metas los pies en agua», «no te duches», «no te laves la cabeza»... Era como si fuera una cosa mala de la que no había que hablar. Un tabú. Y ahora no. Pues es lo que hay que lograr con la menopausia y que se sepa que cuando te llega no estás acabada, ni gorda, ni eres inservible, ni se te va el apetito sexual. Yo tengo 54 años, estoy más delgada que nunca, me encuentro mejor que nunca, con más ganas de todo que nunca y, cuando de vez en cuando me da un calor de estos, abro la ventana, saco la cabeza y ya está.

–¿Se piensa poner hormonas para contrarrestar alguno de los posibles efectos?

–No puedo. No porque tuviera un carcinoma in situ, sino por el cáncer de mama de mi madre, que es directo. Pero, además, no me hacen ninguna falta.

–Desde luego la veo en plena forma. Y eso que llevaba sin subirse al escenario siete años, desde «Ana y el trópico», donde conoció a su marido...

–Pues sí y tenía muchas ganas, sobre todo de hacer comedia, que te lo pasas muy bien. La verdad es que vengo encantada al teatro. Tenía ganas de interpretar, pero, por supuesto, la música no la dejo, ¿eh?

–Acaba de llegar de Acapulco y Colombia, ¿tiene más planes de gira?

–Estuve en Acapulco con Rosario y en Colombia sola y ahora en el mes de mayo nos volvemos a ir juntas por América todo el mes.

–Menos mal que existen las giras internacionales porque aquí la música no da mucho dinero ya, ¿no?

–Aquí en España no, pero en América todavía. Hay una crisis mundial, pero aquí en España hay muy pocos empresarios. Y en América o hay más o se arriesgan más

–Aquí deben pensar que cómo va a ir la gente a los conciertos si no hay dinero para nada...

–Sí, pero luego a la gente cuando le gustan los artistas van a verlos. Y, de hecho, ahí tienes el teatro lleno.

–Incluso con el 21% de IVA. ¿A usted le ha repercutido en su sueldo?

–A mí me repercute como a todos los españoles, en todo. Porque nos han puesto muchos impuestos y nos han recortado hasta la vida. Y eso a cualquier español de medio pelo, como yo soy, pues claro que nos repercute. Es decir, que porque yo tenga una profesión de cara al escaparate no tengo más sueldo que mucha gente. Y cuando trabajo gano dinero y cuando no, no tengo ninguna entrada. A veces la gente se piensa que por ser famosa estás hasta arriba de trabajo y tienes la vida solucionada. Y no es así. Yo tengo que trabajar para vivir.

–E incluso para poder afrontar las deudas cuando aparecen en el camino...

–Ése es un tema del que no voy a hablar más en mi vida: ni de mi vida privada ni de mis deudas. Nunca más. Que hablen los demás lo que quieran, pero yo no hablo más.

–¿Y eso por qué?

–Pues porque ya es hora de que mi vida sea mía y de nadie más...

–¡Pues anda que no ha tardado!

–Cincuenta y cuatro años. Pero estoy en la edad de echarle poca vergüenza al asunto en el sentido de que ya me he cansado. Quiero hablar sólo de mi trabajo y de lo que puede hablar una persona que se dedica a este negocio... Pero nada más. Y si sacan todo lo que he contado hasta ahora, que lo saquen. De ahora en adelante se acabó.

–En realidad en su familia ha habido quien ha hablado más y quien ha hablado menos, como Rosario.

–Es que ella, ahí, ha sido más lista que yo. Yo he sido siempre más bocona. Y a veces lo he hecho por necesidad, para vivir, porque no tenía trabajo, cosas así. Y llega un momento en que te das cuenta de que realmente es un dinero, cuando haces una exclusiva hablando de tu vida privada por necesidad, que también se te va antes por necesidad...

–En mayo es el aniversario de la muerte de su madre y de su hermano. ¿Los sigue teniendo igual de presentes?

–Han pasado 18 años y ahí están todos (señala a la mesa): mi padre, mi madre, mi hermano... Siempre conmigo, aunque no estén físicamente.

–Los tiene rodeados de virgencitas. ¿Es usted muy creyente?

–Yo creo en Dios y en la Virgen... Pero es que me las regalan con mucho amor y mucho buen rollo y las pongo ahí.

–Lo que la veo es cada vez en menos saraos y cada vez más en Twitter.

–Es que ahora me gusta más estar en casita con los míos y sólo voy a una fiesta que me apetezca mucho. Y lo de Twitter sí que lo hago, porque no sé si hay justicia o no, pero lo que no hay es vergüenza...

–¿Qué le da más vergüenza, lo de Bárcenas, Urdangarín, Amy Martin...?

–El señor Mulas. Es muy fuerte...

–¿Y a usted alguna vez le han dado un sobre en negro?

–¿A mí? ¡A mí me ha dado un negro el sobre! No, hija: mis cuentas están claritas.

Personal e intransferible

Me río con Lolita, porque cuando le pregunto qué se llevaría a una isla desierta empieza a hacer una lista: «Mi espejo, mis pinzas de depilar, mi cera...¡Imposible! A una isla desierta con mi marido una semanita y ya». Y en esa semanita, ¿qué comería? «Yo soy de huevos fritos con patatas, de guisos y de vino tinto...Hombre, también me gusta el caviar ¡pero hace mucho que no lo tomo!». ¿Ni en sueños? «¡Si es que no me acuerdo de los sueños más que cuando sueño con mi familia...! Y además, ¡como duermo poquísimo últimamente, que también debe de ser cosa de la premenopausia...!»