«Me he gastado el dinero en hacer discos, no en una casa»

Martirio y su hijo Raúl homenajean a Chavela Vargas en su nuevo disco conjunto, «De un mundo raro»

Martirio y Raúl Rodríguez
Martirio y Raúl Rodríguez

Raúl Rodríguez es bravo como su madre, Martirio. Educado en palabras anglosajonas como rock&roll y underground, hace tiempo que investiga sobre el tres cubano. Y Martirio... sólo con sus agallas se entra en el círculo mágico de Chavela pero hay que tener muchas más para versionarla al compás flamenco, como ambos acaban de hacer en «De un mundo raro» (Universal), un disco que Raúl casi describe como «gótico». Con cojones y oscuro. No se asusten, no tiene nada que ver. Es una celebración de la vida.

–Imagino que este album ha generado en ustedes emociones a chorro.

–Martirio: Por supuesto. Ha sido una experiencia iniciática, telúrica, mágica.

–El repertorio es inagotable y la imagen de Chavela está en la cabeza de mucha gente. ¿Cómo se enfrentaron a él?

–M: Para mí es la cantante que más he escuchado en mi vida y que más me ha impresionado en el escenario como artista y como persona. Alguien valiente, libre, con una inteligencia y sentido del humor fuertes, con mucho criterio, sin artificio ninguno ni purpurina. Todo lo que había en ella era la pura verdad.

–Sus canciones tienen poder curativo. ¿Piensan que es un disco para neófitos o para iniciados?

–Raúl Rodríguez: creo que para cualquiera que quiera sentir cosas. Una función principal de la música es la medicina emocional. Dar remedio para lo que no nos da la escuela y el telediario. Son los asuntos de la emoción. Esto es una educación emocional para adultos. Es una escuela, y el arte funciona así, aprendiendo qué cosas se pueden hacer con los sentimientos y la memoria. Y yo, como productor y guitarrista, creo que Martirio tiene esa capacidad. Que la gente tenga acceso a algo que le haga sentir y luego que le haga pensar.

–No pasan, el arte y la cultura, por buen momento.

–R.R: Pues la cultura es la escuela para adultos. Tenemos que seguir formándonos después de la escuela Primaria y la Secundaria y de la que sea. Y para eso tenemos la cultura. Nos quieren arrinconar para que la gente no sepa de cosas. España es una potencia cultural, si de algo podemos decirlo.

–M: Y eso es economía. Dura siglos, pero hay que protegerlo. Es nuestro y te da dinero. ¿Qué más quieres? Para cualquier artista, es muy difícil vivir de lo que hacemos.

–¿Tienen ustedes dificultades?

–M: Por supuesto. El dinero que he ganado me lo he gastado en hacer los discos que he querido. Yo me he pagado muchos discos.

–No se lo ha gastado por la noche...

–M: No, ni en una casa. Pero sí en seguir haciendo lo que quiero.

–Hablando de arte, ambos estuvieron con Chavela Vargas en su último concierto, la deuda que cumplió con Madrid y con Federico García Lorca antes de marcharse. ¿Cómo fueron esos momentos?

–M: Estremecedores, ejemplo y espejo de lo que significa una gran vocación, y el enamoramiento del arte, y saber exactamente cuál es su papel, que es el de canal. Lo hizo al final, con la poesía de Federico, pero toda su vida fue un inmenso canal para conectar a la gente con sus sentimientos.

–Martirio, ¿se pregunta cuál es su papel?

–M: Mi misión es la búsqueda y la investigación y la arqueología musical. Eso junto con una cierta faceta teatral, con organizar mi ceremonia en el escenario donde haya también un abanico de sentires en los que, a base de cantar con la mayor verdad que encuentro dentro de mí, poder poner a la gente en un estado de acompañamiento de su tristeza o melancolía y que sean capaces de llorar o reír en el tránsitio que dura un concierto. Tocando muchas emociones que yo he tenido que vivir antes para poderlas tocar, pero que me interesa provocar en el escenario. Creo que la gente no viene a verme cómo canto, o lo bien que canto, sino para que le pasen cosas. Y eso es lo que a mí me interesa.

–Es decir, que no es un personaje, es usted cantando.

–M: No. El personajes es estético y lúdico. Creo que con los años cada vez más se me ve todo, aunque vaya de arriba a abajo vestida. Creo que se me ve el alma cantando y lucho porque así sea.

–¿Qué es lo que más aprendieron de Chavela?

–M: A cantar con verdad.

–R.R: La conocí y acompañé varias veces. Era una persona que enseñaba sin adoctrinarte, que era libre, y que creía en la magia. No tenía miedo al poema ni al encantamiento ni al misterio.

–Y sólo a ustedes se les ocurre hacer un disco de versiones de la inimitable.

–M: Ha habido muchas versiones antes y homenajes, pero no creo que haya ninguno traspasando sus canciones al compás flamenco.

–¿Y eso no da respeto?

–M: Claro que da...

–R.R: ...Y miedo. Pero el miedo es amigo del valor. Son batallas que hay que librarlas con valor, con el valor de la belleza y del arte.

–¿Cómo han seleccionado el repertorio?

–R.R: Se trata del cante de ella a través de la voz de Martirio, así que seguimos un criterio personalcon las letras que pueda decir y defender con verdad y otras canciones muy asociadas a su voz. Pero varias pertenecen a un cuerpo de música común entre la parte flamenca y la mexicana que se adaptan bien al cante. O por la forma o la temática.

–Ella recitaba, casi.

–R.R: Y era cantaora también, se enfrentaba a la canción para superarla.

–¿Fue difícil adaptarse a esa forma de cantar?

–M: No. Lo que tenía presente era no copiar, imbuirme de su presencia y de su enseñanza, para darle la emoción. Pero no ha sido difícil porque creo que tenía que hacerlo.

–¿Qué le piden al curso que empieza?

–M: Que el arte esté protegido y que la gente recuerde nuestros conciertos como momentos de verdad.