«No hago personajes de pobres, que eso se te pega»

Genio y figura, el «chatín» más querido vuelve a Madrid con «Los hombres no mienten»

No me molestaré en describirle. Baste la palabra impecable. Ya saben, hablamos de ese asturiano que convirtió «chatín» en «trendin topic» antes de que existiera siquiera internet y que tiene, según su DNI, 84 años, aunque muchos creemos que miente y no pasa de 60. Desde luego, sigue al pie del cañón. En febrero le veremos en «Ensayando Don Juan», a las órdenes de Boadella.Y, entre tanto, vuelve al teatro Amaya con «Los hombres no mienten», un vodevil de Eric Assous que él mismo dirige.

-¿Seguro que los hombres no mentimos?

-Lo hacemos, pero mal. Damos muchas explicaciones. Y las mujeres son muy inteligentes... y te cazan.

-¿A usted le han pillado en renuncios?

-Es difícil porque yo miro mucho para atrás. Y miento poco. Y cuando lo hago, lo apunto.

-Quienes sí nos mienten mucho ya sabemos quiénes son, ¿no?

-Verás, el político es político: lo que ha dicho hoy posiblemente mañana tiene que desmentirlo por una razón: en la política no interviene sólo un país, sino muchísimos. Y no es lo mismo estar en la oposición que gobernando. Un presidente no es dueño de sus sentimientos. Si se mintiera en favor de tu país, pues bien. Pero hoy hay un desorden de sentimientos en España. Está todo el mundo enfadado: yo no lo estoy.

-Le veo condescendiente, debe de ser de los pocos españoles que no están cabreados...

-Nací en 1939, nací ya con la crisis. Ésta es una broma comparada con la del 29. Durante todos estos años, he vivido muchas otras. Los que conocimos la Guerra Civil, eso fue otra crisis. Lo de ahora es una risa comparado con lo que vivimos nosotros. No sabes lo que son colas para que dieran un cupón para un pedazo de pan. Pero había amor entre nosotros, y la escasez une a las personas. De un bando o de otro.

-¿Ahora estamos más divididos?

-Sí, hay demasiadas opiniones, demasiados partidos políticos, y todos quieren sacar tajada. El gran problema de España es ése: tendría que haber sólo dos partidos , los importantes, PP y PSOE. Yo no quiero nada, jamás he pedido ninguna subvención, he vivido de la amabilidad del público. Tengo una profesión tan bella que no me permite pedir ayuda a nadie. Pero sí me gustaría que la del PSOE fuera una oposición importante. Rubalcaba es un magnífico político, pero no ha sabido rodearse de un equipo de su talla. Ése es su gran error, no ha sabido hacer una depuración. Con una oposición importante, el Gobierno aprendería de ésta y viceversa.

-¿Se presentaría a presidente?

-No, porque no me votaría nadie. Además, envejecen muy mal: cuando entran parecen Redford, y cuando salen, Frankenstein. O sea, que no. Soy español por los cuatro costados y amo a mi país por encima de todo: somos buena gente, hospitalarios... pero de unos años a esta parte hemos cambiado. Hay demasiada gente que opina, y algunos no se les debería dejar: no están preparados. Hay zafiedad y cuanto más cutre es algo, parece que es más vanguardista.

-¿Y ha aprendido de quienes le critican?

-No lo sé: yo me he ocupado exclusivamente de mi trabajo, y los enemigos me han importado un carajo. No sé si los tengo, me trae sin cuidado. No soy hombre tampoco que admita inciensos: el mayor halago es el público que acude a verme. Pero en mi época había unión entre nosotros, nos ayudábamos. Nunca me olvidaré de Jesús Puente: era un año más joven que yo y acababa de hacer el servicio militar. Yo estaba en el Café Gijón y me dijo: «Arturo, le he hablado de ti a Conchita Montes, vete a verla».

-Suponiendo que algún español no le conozca, ¿cómo le explicaría qué es lo que hace?

-No soy un actor de método, soy intuitivo. Todo lo que hago es parte de mí. Todavía me estoy preguntando cómo coño soy actor yo. No lo sé, porque vine a Madrid hace veinte años. Y para qué nos vamos a andar con tonterías: vine detrás de una mujer. Tenía 30 años y ella era mayor que yo y estaba casada. Si a mí de dicen que iba a ser actor me tiro al suelo de risa, porque no había estudiado. Apenas sabía leer. A los 11 años ya entré en unos talleres electrotécnicos. Mi padre era obrero, mecánico ajustador, se había marchado a Francia porque era anarquista, en fin, los problemas de la guerra civil, y mi madre lavaba botellas en unos almacenes de vinos. En aquel entonces entrabas a trabajar muy joven.

-Y no ha parado, es un currante...

-Lo que pasa es que saco lo mejor de mi profesión. En el escenario siempre soy yo. Me admiro cuando leo entrevistas de actores que dicen que les ha costado meterse en la piel del personaje. Tengo otro problema: ¡lograr que él se meta en la mía! que soy más guapo que él! Quien me ve una vez, me ve siempre. Los hombres quieren ser como mis personajes. Entre otras cosas, porque son multimillonarios: no tolero que sean pobres. ¡Que no, hombre, no, me cago en la leche, que se te pega! El de esta comedia es un financiero que tiene muchísimo dinero.

-¿Se lo pasa bien en escena con ellos?

-¡El que más se divierte soy yo! Llevo dos años y pico interpretando «Los hombres no mienten» y siempre pienso: ¿cómo le pueden ocurrir tantas cosas a este tío? También improviso, pero no invento sobre la marcha, sino cuando ensayamos.

-Mira mucho a los vecinos de Francia, donde triunfa la alta comedia, o la comedia de boulevard. Aquí no tanto.¿Por qué?

-Lo más difícil para un actor es interpretar comedia. Un drama no tiene problema: pon cara triste y di el diálogo. En la comedia se necesita mucha flexibilidad, silencio, saber coger una copa. ¡Hay actores que son fumadores de la leche y no saben fumar en un escenario! Porque hay que hacerlo con elegancia, las cosas que dices deben ser como un ballet.

-¿Le da importancia a la elegancia?

-Hombre sí, soy actor y por tanto me debo al público. Sobre todo los de mi generación, podías no tener para un café, pero ibas impecable. Pero cuanto menos sepan de ti, mejor, más misterio, aunque hoy es imposible con la televisión. Pero yo tengo poco que ofrecer para la audiencia. no salgo con fulanas o zutanas.

-¿Por qué suma 30 años más su DNI?

-El jodío calendario lo inventó un amargado. Hay una edad que ya no cumples uno, sino tres. Pero un amigo mío, médico, me dijo: «Tú no tienes 84 años. Tu corazón va magnífico, el riñón te funciona como la madre que lo parió, y el pulmón también. La edad se mide por ahí, y tu tienes 67 años»: Y yo de ahí no me apeo.

Los entrevistados hablan de La Razón

«Compro LA RAZÓN todos los días, aparte de que soy íntimo amigo de Ussía. Me parece un periódico auténtico, que dice verdades como puños. Me gusta todo del diario: tiene comentaristas verdaderos, realistas, para los que el incienso existe poco, son objetivos. Y si tienen que pegar un palo al Gobierno, se lo pegan»