Objetivo matar al paparazzo

Los perfiles en las redes sociales han devaluado el trabajo de los fotógrafos: los famosos ahora tienen el poder de controlar las imágenes de su vida privada y han hundido el concepto de exclusiva

Los perfiles en las redes sociales han devaluado el trabajo de los fotógrafos: los famosos ahora tienen el poder de controlar las imágenes de su vida privada

Bayona, Pontevedra. Dos novios a punto de darse el «sí, quiero» en un local de la zona. Telma Ortiz, hermana de la ya Reina, y su marido Jaime del Burgo se encuentran entre los invitados a la ceremonia y aparecen de la mano, cómplices y risueños, después de que se hiciese público que se iban a separar apenas dos años después de contraer matrimonio. Avanzan entre la gente sintiéndose quizá anónimos y desconocidos sin saber que allí, a su lado, Paco Ginés, uno de los «paparazzi» más reconocidos del país, inmortaliza la escena con su cámara en un reportaje que acabará saliendo en las páginas de «¡Hola!» como el documento gráfico que confirma su reconciliación, hasta entonces sólo intuida. Telma Ortiz no tiene cuenta oficial en las redes sociales como otros personajes de relevancia pública que son objetivo del «cuore», pero, a pesar de todo, el trabajo de captar esas reveladoras instantáneas se paga muy por debajo del valor de hace unos lustros. «Los precios se han devaluado en este mundillo, hoy cobras seis veces menos que hace diez años», confiesa a LA RAZÓN Paco Ginés. En esta ocasión ha tenido suerte: ha conseguido amortizar el viaje a Galicia a pesar de que su prioridad era captar las vacaciones del empresario Fernando Fernández Tapias y su esposa Nuria González. Pero ¿qué ha pasado en esta profesión para que desplazarse detrás del «celebrity» de turno no salga ya rentable? Ellos tienen claro por qué se han convertido en una suerte de especie en extinción: «Las redes sociales nos han hecho mucho daño, ahora las revistas se hacen con ese material», comenta el fotógrafo. «Se trata de una postura bastante hipócrita: ellos que aluden todo el rato a su derecho a la intimidad y a la protección de sus hijos son los que los exhiben en estas plataformas, ponen la atención sobre ellos. Y los niños ya no interesan a las publicaciones porque esos reportajes que hace unos años valían mucho dinero hoy no compensan debido a que tienen que pixelar a los menores. Los famosos son sus padres, pero se han convertido en personajes devaluados porque salen en todos los lados y los tienes hasta en la sopa», explica un «paparazzi» de la agencia Xanas que prefiere no revelar su nombre. Parejas como Iker Casillas y Sara Carbonero y David Bustamante y Paula Echevarría son muy activos en las redes sociales y sus fotos robadas ya no alcanzan el valor que antes tenían debido la cantidad de imágenes de las que se dispone sobre ellos y por la pérdida de la exclusividad –todas las revistas y medios pueden hacerse eco de esas instantáneas–.

Pero los famosos no sólo han aprendido a saber gestionar su vida privada a través de sus cuentas de Instagram y Twitter –donde acostumbran a colgar las imágenes que ellos quieren que se hagan públicas, lo que les otorga un gran poder– también han aprendido a sacarle rentabilidad. «Las exclusivas que había antiguamente están ya destrozadas, porque las "celebrities"hacen sus propias fotografías y las regalan. Antes un "paparazzi"se mataba por conseguir una imagen comprometida en la playa, por ejemplo, pero ahora esas instantáneas están disponibles en las redes», comenta Santiago Mollinedo, director de la consultora Personality Media. La capacidad de influencia de estos perfiles es tal que los propios anunciantes se los fijan ya como objetivo. «Se trata de un canal privado con grandes audiencias, que todavía no se sabe muy bien cómo medir, pero que son un factor importante en su imagen. Las propias marcas pactan como parte del paquete de patrocinio con los famosos rodar tantos spots al año, acudir a "equis"eventos y publicar tres o cuatro tuits sobre la marca. Es una vía más de patrocinio», explica Mollinedo. Esta forma de publicidad tiende a equilibrarse en cuanto a precio –se ha llegado a pagar 50.000 euros a un futbolista por cuatro o cinco tuits sobre determinada firma–, y «es un canal complementario al que llegas en el acuerdo con los famosos, pero todavía queda saber cuál es el retorno que genera a las empresas, cuantos de sus seguidores son realmente activos y van a hacer retuit en estos mensajes publicitarios y sus campañas», explican desde Personality Media. Se trata, asimismo, de una fuente de ingresos importante para los deportistas porque hasta hace bien poco era un dinero que cobraban directamente y que los clubes no controlaban.

- El factor turista

Pero el horizonte de las redes sociales no es lo único que ha provocado el desmantelamiento progresivo de la profesión de «paparazzi». La proliferación de los teléfonos inteligentes ha permitido que cualquier persona pueda captar la instantánea más buscada. En 2011, una turista española que coincidió con los entonces Príncipes de Asturias durante unas vacaciones en la isla de Antiparos, en Grecia, logró captar a Doña Letizia en bikini, una instantánea por la cobró 10.000 euros tras su publicación en la revista «Semana». Un factor que, si bien desde la agencia Xanas consideran habitual –«siempre ha habido un turista que podría captar este tipo de imágenes»– es para Paco Ginés un claro ejemplo de intrusismo: «Las cámaras digitales nos han matado. Cualquiera puede hacer una foto, sí, pero en nuestra profesión se vende algo más: un reportaje, información, contenidos y la garantía de ser discretos». Otro aspecto en el que los fotógrafos profesionales tienen puesto el punto de mira es en la proliferación de los «photocalls», en los que los famosos se dan cita –muchas de las veces previo pago– y las marcas consiguen utilizarlos como reclamo para convocar a un gran número de medios. «En esta profesión no estamos unidos, sino no acudiríamos a ese tipo de eventos sin cobrar», asegura el «paparazzo». Las revistas cada vez apuestan menos por las exclusivas –el seguimiento de los personajes y los viajes encarecen mucho esta forma de trabajo– y cubren sus contenidos con este tipo de posados. «Esta es una profesión muy influyente, cuando se desveló la relación que mantenían Alberto Cortina y Marta Chávarri se rompió una fusión de dos empresas importantísimas, pero ahora ya no puedes invertir en investigación porque nadie las paga», explican desde la agencia Xanas. Sin ir más lejos, las imágenes de la Infanta Cristina y su marido en Bidart resultaron un mal negocio para los fotógrafos desplazados. «Había diez agencias allí y "¡Hola!"pagó 10.000 euros por las fotos. Cobraron 500 euros por agencia; con eso no amortizas ni el viaje», lamenta Ginés, antes de aclarar que «yo cuando voy a algún sitio y me encuentro con dos o tres fotógrafos más ya ni me paro. No va a compensar».

Los reportajes rosa –es decir, de corte íntimo– con perfiles políticos también se han degradado. «No hay dinero para estas investigaciones, que requieren una gran inversión. Pablo Iglesias sería un político que nos encantaría seguir para ver si es consecuente con sus palabras y su vida es coherente con lo que dice, pero esas cosas nos las estamos perdiendo: ¿Quién va a afrontar una inversión así?», se preguntan en Xanas. Asimismo, la desaparación de revistas como «Panorama», «Tribuna» y «Tiempo» han modificado los perfiles de interés. «Los políticos ya no gustan. Las revistas del corazón quieren bodas y gente guapa», indican desde la agencia de fotógrafos. Ni siquiera los clásicos del «cuore» son objetivos prioritarios: «Ahora lo que venden son las nuevas parejas, como Clara Lago y Dani Rovira, o incluso Úrsula Corberó. La gente está ya harta de ver a la Preysler», explica Ginés. Aunque hubo un tiempo en el que los mejores fotógrafos se dedicaban al universo «cuore» –defienden que son los más especializados del periodismo– pocos sobreviven a día de hoy –ya contados se dedican en exclusiva a este campo– y las imágenes valen cada vez menos. «Las editoriales han visto que se pueden hacer revistas con "photocalls"y los profesionales han tenido que buscarse la vida de otra manera», comentan desde Xanas. «Empecé en los 90 y cobraba unas 16.000 pesetas por foto. Ahora es difícil que te paguen 120 euros», lamentan Ginés. Los «paparazzi», esa profesión diana de todas las críticas y denostada por los famosos, cuyos objetivos indiscretos han dejado tras de sí un reguero de víctimas contemplan ahora la agonía de un oficio parece que avocado a la desaparición.

Derechos de autor

El descontrol en internet

Los «paparazzi» denuncian que no cobran por las republicaciones de sus imágenes, especialmente en la red. «Los derechos de autor en internet están descontroladísimos a nivel nacional. Ya no sabes a quién denunciar», dicen desde la agencia Xanas. Ellos fueron los autores de una imagen de Penélope Cruz y Javier Bardem con la camiseta de la Selección que se publicó en medios americanos y por la que apenas cobraron.