¿Por qué es tan hortera Georgina Rodríguez? (Y otras que creen que no lo son)

Su obsesión por mostrar su cuerpo delante de sus más de 13 millones de seguidores no es, bajo ningún concepto, la mejor manera de convertirse en una referencia de estilo.

La novia de Cristiano Ronaldo, en una imagen de su cuenta de Instagram
La novia de Cristiano Ronaldo, en una imagen de su cuenta de Instagram

Su obsesión por mostrar su cuerpo delante de sus más de 13 millones de seguidores no es, bajo ningún concepto, la mejor manera de convertirse en una referencia de estilo.

“Algunas personas piensan que el lujo es lo opuesto a la pobreza. No lo es. Es lo contrario de la vulgaridad”, decía Coco Chanel. Aquellos eran tiempos para la moda donde los diseñadores se preocupaban al ver cómo la alta costura iba muriendo debido a una clientela casi desaparecida y al surgimiento de la moda “low cost”.

Los tiempos han cambiado, pero todavía esa idea sigue estando muy presente. La costura ya encontró su lugar y el reto de la moda es enfrentarse al poder de las redes sociales. Mujeres como Bunny Mellon, Gloria Guinnes o Sonsoles de Icaza, la famosa marquesa de Llanzol, han sido sustituidas por otras celebridades cuya única tarjeta de presentación, en muchos casos, es su número de followers. Aquellas mujeres de amplia cultura y delicados modales que encumbraron a hombres como Cristóbal Balenciaga o Christian Dior al crear junto a los maestros una sociedad preciosista, se han visto reemplazadas por unas nuevas protagonistas que valoran muchas veces más la propia marca o el logo que la pieza en sí misma. Sí, la vulgaridad se ha puesto de moda.

Uno de los mejores ejemplos de esto podría ser la española Georgina Rodríguez. Pareja de Cristiano Ronaldo, la aragonesa presume delante de sus más de 13 millones de seguidores en las redes sociales de vivir una vida de ensueño. Coches y hoteles de lujo, viajes exclusivos y vestidos de infarto pueblan su Instagram junto con fotos de sus hijos y sus looks de deporte. ¿Pero qué le falta a esta “diva” de internet? Efectivamente, clase (entendida en la acepción del Diccionario de la Real Academia que habla de distinción y categoría). El estilo de las grandes damas de los años 50 destacaba por invertir grandes cantidades de dinero o, como el caso de Bunny Mellon, por incluso realizarse tres copias de cada encargo en Balenciaga para sus tres casa en Nueva York, Florida y Virginia. Rodríguez, en cambio, sorprende en su perfil de Instagram con post donde, por ejemplo, pasea por el pasillo de un hotel con un objeto luminoso en la boca que, al final, acaba mostrando a la cámara: se trata de un blanqueador dental. Puro glamour.

El estilo de Rodríguez apuesta por marcar su silueta, explotar su sex-appeal y demostrar su poder económico ya sea descansando sus piernas en el aeropuerto sobre sus maletas de Louis Vuitton o posando con joyas de incalculable valor en alguna fiesta. Nada de formas amplias, estructuras arquitectónicas y lujo discreto, la tendencia de la elegancia.

Es posiblemente esta obsesión general de muchas estrellas por mostrar el cuerpo para confirmar sus contundentes formas lo que más vulgaridad ha traído a la moda (a la vez que también ha autorizado otros tipos de cuerpos que los oficiales de la pasarela, todo sea dicho). Las hermanas Kardashian iniciaron esta tendencia que encuentran en gente como Georgina Rodríguez un claro ejemplo... y quizá por eso empobrece en parte las propuestas de la española: no es la original, sino una copia. Amplios escotes, aperturas de infarto en la falda, pómulos marcados y maquillaje excesivo muestran a una mujer que parece que piensa más en conquistar al hombre que en disfrutar ella misma de la moda. Existe, por supuesto, la libertad de elegir y ser dueña de su propio cuerpo, pero no podemos negar que mostrar demasiada piel, precisamente, no es elegante.

Y el ejemplo de la pareja de Cristiano Ronaldo no es el único que podemos encontrar. Entre los futbolistas los casos son muy numerosos. Basta pensar en la inauguración en Barcelona de la malograda zapatería de Antonella Roccuzzo y Sofia Balbi, parejas de Leo Messi y Luis Suárez, respectivamente. Aquello pretendió ser una masterclass de estilo, pero acabó siendo justo lo contrario, sobre todo con la llegada (para poner la guinda al pastel) de Daniella Semaan (pareja de Cesç Fábregas).

Pero siempre hay esperanza. Basta ver el camino que ha seguido Salma Hayek, aunque en su caso viene apoyada por uno de los mayores imperios del lujo: ser la esposa de François-Herni Pinault, propietario del grupo Kering al que pertenecen firmas como Gucci, Saint Laurent o Bottega Veneta, ayuda mucho a refinar el estilo y a ser esa personificación del lujo que, como decía Chanel, es justo lo contrario a la vulgaridad. Y en ello está.