«Por qué el Frente Popular perdió la Guerra Civil»: Pío Moa enciende el debate

El historiador publica un ensayo sobre un conflicto que considera que «aún no se ha asimilado»

Actos de unificación del Frente Popular en la Monumental de Barcelona (1936)
Actos de unificación del Frente Popular en la Monumental de Barcelona (1936)Biblioteca Nacional

Sostiene Pío Moa en su ensayo «Por qué el Frente Popular perdió la Guerra Civil. Causas y consecuencias históricas» (Actas), que «ochenta años después de terminada, la guerra sigue obsesionando la conciencia histórica de España». La continua «pugna no solo en las ideas y versiones, sino, más peligrosamente, en la política generando leyes y acciones de partidos», tiene su causa en que «aquel conflicto no ha sido aún asimilado por la sociedad, pese a la imponente bibliografía que ha engendrado». Y no lo ha hecho «porque las tergiversaciones, enfoques ilógicos y cargados de emocionalidad han alcanzado un volumen asombroso: se ha dicho que es quizá el suceso sobre el que más falsedades se han contado y siguen contando». Según indica Moa en su prólogo, «el objetivo del libro es contribuir a poner algún orden en el actual maremágnum bibliográfico».

«La guerra se dio en un país socialmente muy polarizado por ideologías y políticas que agitaban casi toda Europa». Fue pues, ante todo, «una guerra ideológica y desde ese ángulo debe enfocarse, cosa que no ha sabido hacerse explícitamente», afirma el autor. Para éste, la República que perdió la guerra era muy otra que la instaurada en 1931, por tanto, «es hora de eliminar el término “república”, porque eso sugiere continuidad y genera mil distorsiones. Lo que hubo realmente –afirma– fue una alianza de partidos en un Frente Popular que, si bien destruyó la legalidad de la II República, no tuvo tiempo de consolidarse con verdadera legalidad propia debido a su derrota y a las ásperas divergencias entre sus componentes». El programa que había unido a fuerzas tan diversas tenía como objetivo impedir que unas nuevas elecciones dieran el poder a la derecha, como ya había ocurrido en 1933. Por tanto –afirma Moa–, ello suponía anular la Constitución y la concepción inicial de la II República.

El avance en Europa del fascismo de Hitler o Mussolini, provocó una oposición radical de la izquierda europea que creó una política de frentes populares. En España, Prieto y Azaña se aliaron para a crear una nueva coalición socialista-republicana, a la que se unieron el partido comunista PCE, los marxistas del POUM y los partidos republicanos de izquierda. Los separatistas vascos y catalanes no lo hicieron, aunque dieron su apoyo. Tampoco se sumaron los anarquistas (lo harían en plena guerra, como el PNV), pero apoyaron la coalición en las elecciones de febrero de 1936. «El punto programático común a todos –afirma Moa– era obtener electoralmente el poder para excluir definitivamente a la derecha de él, lo que suponía eliminar, de alguna manera, la anterior legalidad republicana. Por eso puede hablarse del Frente Popular como un nuevo régimen, aunque no llegara a consolidarse».

Este partía con ventaja en recursos al comienzo de la guerra. «El dinero, la flota, la aviación, los hombres, el territorio los recursos, agropecuarios e industriales, eran del Gobierno y la situación inicial geoestratégica tampoco beneficiaba a los sublevados. En tales circunstancias, de no rendirse los rebeldes, la guerra quedaba decidida prácticamente a favor del Frente Popular y, a pesar de ello, perdieron. Moa apunta varias observaciones clave sobre por qué el Frente Popular perdió la guerra: como la lucha por aire y mar, que favoreció a los nacionales, o el factor moral y psicológico, clave para la victoria de Franco. Por el contrario, el Frente Popular tuvo que bregar con la desmoralización, el germen de vacilaciones, las querellas internas y las traiciones. Además del problema político de tratar de forjar una unidad de estrategia y acción entre partidos muy opuestos.