Nueve y la señora Merkel

La Razón
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Como León Felipe, tampoco yo sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que veo. Y lo que veo es a los poderosos del mundo cara a cara en torno a una mesa camilla. Y una copla que, como la falsa moneda que va de mano en mano, va también de boca en boca y que dice así : se reunieron los magnates, grandes cosas se dijeron, de la paz y de la guerra, del ajuste y del dinero. Brotes primaverales que vuelan sacudidos por el viento. El destino del mundo en las manos de una dama calvinista y diez educados varones. Todos más listos que los conejos. Ella, disciplinada y protestante estricta, bendice la mesa: «Señor, da pan a los que tienen hambre y hambre de caridad a los que tenemos pan». Y comienza la catequesis. Rompe el fuego el que más manda: «Para que el mecanismo funcione a la perfección hay que garantizar que tanto el crecimiento y la estabilidad como la consolidación fiscal formen parte de un paquete global». «Pero será imprescindible jugar a la confusión», dice otro. «Lo que importa es consolidar la sumisión sostenible. Eso elimina cualquier riesgo», añade un tercero. Para no ser engañados y aún reídos, el mensaje –algo en lo que coinciden todos– será éste : «El secreto está en combinar ajuste y crecimiento». Se cumplen las palabras del poeta: «Yo no sé muchas cosas, es verdad / Digo tan sólo lo que he visto. / Pero me han dormido con todos los cuentos.../ Y sé todos los cuentos».