El del bigote

El del bigote
El del bigote

¡Mola el del bigote! ¿Por qué mola si no es nadie? Por eso mismo, porque es el hombre sin atributos. El hombre «pasmao». Ése que aparece en medio de una tangana de famosos con cara de póquer y le roba el minuto de oro a Mourinho por estar a su lado. El Zeling de Woody Allen aparecía en los lugares más insospechados, junto a los famosos, mimetizado con el ambiente como el camaleón. El hombre del bigote es su opuesto. Emerge en medio de una escena brutal como ensimismado. Ese es su atractivo, estar fuera de lugar, como lo familiar vuelto extraño. Por eso se ha convertido en el centro de todas las miradas de internet y en el hazmerreír general, gracias a su inquietante cara de impasibilidad. Su pelo y bigote teñidos. Amenazante como un zombi sin vida.
Los usuarios de Twitter lo han convertido en «trending topic» del día, que es el equivalente en atención mediática a los quince minutos de fama televisiva de Andy Warhol. Internet es más veloz. Procesa una cantidad enorme de información casi siempre insignificante, pues hay millones de friquis atentos a detectar la menor de las chorradas que ocurran en la sociedad de masas y celebrarla con júbilo en las redes sociales.
¿Ser célebre por no ser nadie no es el sueño de cualquier persona anónima en la era de la información? El narcisista anhela el reconocimiento público, pero al hombre del bigote le ha disgustado, más que esa fama sobrevenida, las numerosas chanzas que ha generado la dichosa foto.
Francesc Satorra, que lleva treinta años trabajando como encargado del túnel de vestuarios del Camp Nou, está padeciendo la pena de Twitter: ser un «hashtag», una etiqueta precedida por almohadilla: #eldelbigote. Una estrella fugaz, con su cara ausente, impresa en una camiseta bajo el sobrenombre de «Mr. Observer» y divertidos fotomontajes en los que es sustituido por otros
bigotudos: Aznar, Mario Bros, Borat, Hitler y el malvado Sadam.
¡Vaya toalla!