El tejido español se deshilacha en Nueva York

Un año después de que se reescribiesen las reglas del capitalismo con la caída del banco Lehman Brothers, los diseñadores españoles hicieron su gran desembarco en Nueva York con David Delfin, Toni Francesc, Joaquín Trías y Custo Barcelona. Supieron aprovechar los huecos de los modistos que no podían pagar los costosos desfiles de Manhattan

Los diseños de Custo Barcelona  han logrado sobrevivir en la pasarela de Nueva York
Los diseños de Custo Barcelona han logrado sobrevivir en la pasarela de Nueva York

Los grandes de la ciudad –Marc Jacobs, Diane von Furstenberg o Vera Wang– tuvieron que reducir sus colecciones para abaratar costes. La Semana de la Moda de Nueva York, que se celebra en febrero y septiembre, se celebraba entonces en Bryant Park. El alquiler de cinco horas –cuatro antes del desfile y una después– de cualquiera de las pasarelas junto con el resto de gastos que conllevan los desfiles no parecía rentable: el grande «The Tent» costaba 48.000 dólares; el mediano «The Promenade», 38.000, y el menor «The Salon», 28.000.

Cultura no lleva exposiciones

Pero la agudeza de la crisis ha pasado factura y este año se ha optado por el Lincoln Center, entre los teatros de la ópera del Metropolitan y el New York City Ballet. Y si se ha percibido en el diseño norteamericano, en el español, más. El Ministerio de Cultura ni siquiera ha llevado exposiciones como otros años. Y sólo se puede ver a Custo en una de las dos pasarelas principales. El catalán ha optado por «The Stage», con 830 butacas, en vez de hacerlo en la más grande «The Theatre», con 1.100, reservada para Tommy Hilfigher, Carolina Herrera, Narciso Rodríguez, Michael Kors o Bradley Mischka. Al menos, Toni Francesc y Trías están en el calendario oficial. Francesc presentó su colección en «The Studio», un espacio para sólo 425 invitados. Y Joaquín Trías lo hará en «The Box», el más pequeño de todos para 225 personas. Este año los precios oscilan entre los 50.000 dolares la mayor y 15.00 la más pequeña.

Atrás quedan las ediciones pasadas cuando parecía el gran momento de David Delfín, un desconocido Toni Francesc o Joaquín Trías. Todos se atrevieron a presentar sus propuestas en el programa oficial de la Semana de la Moda junto con Custo Barcelona. Incluso, Delfín contó con los servicios de Kelly Cutrone, la costosa madrina de los grandes jóvenes diseñadores. También, la Asociación de Creadores de Moda de España trajo una muestra que se exhibió en la Biblioteca Pública de la ciudad con modelos de Ana Locking, Carmen March, Juan Duyos y Juanjo Oliva, que recibió buenas críticas de los medios en EE UU. Era la fiesta de la Semana de la Moda con sabor español o, al menos, ésa era la estrategia de márketing. Pero, en realidad era la crisis que había dejado un espacio abierto. Los diseñadores estadounidenses no estaban dispuestos a alquilar las grandes pasarelas. Sabían que no las iban a llenar de compradores y distribuidores, los que realmente interesan.

Ahora, los estadounidenses, que decidieron replegar sus fuerzas y esperar, reclaman su puesto de siempre. La Semana de la Moda empezó el pasado jueves con 89 diseñadores, que presentarán durante estos días sus propuestas de otoño e invierno para 2011. Después vendrá Londres, París y Milán. «Mientras la economía se recupera vemos que los clientes vuelven, pero debemos tener mucho cuidado. No vamos a ver a gente comprar como antes de la recesión», explica el director de moda de Neiman Marcus Ken Downing. El gasto de los consumidores, que representa el 70% de la economía norteamericana, tiene que recuperarse todavía de forma total. Mientras, la alta tasa de desempleo, 9%, frena las ansias de dar carpetazo a la crisis de forma definitiva. Aun así, la vicepresidenta ejecutiva de consultores de moda, Tobe Catherine Moellering, reconoce que «estamos con la resaca de después de la recesión. Creo que todo el mundo está nervioso. Pero, los consumidores están preparados para comprar», analiza. Y, por eso, los estadounidenses han recuperado su lugar.


Y en Cibeles el panorama no es mejor...
Que los diseñadores se bajen de las pasarelas extranjeras lastrados por la crisis es un dato a tener en cuenta, pero que lo hagan en su propio país es más que significativo. Comparando los datos con el año pasado, son ocho los modistos que este año no estarán presentes: Antonio Alvarado, José Miró, Lidya Delgado, Miriam Ocariz, María Barros, Elio Berhanyer y El Delgado Buil. A cambio entran tres nuevos: Elisa Palomino, Martín Lamothe y Sara Coleman.