Honduras sigue en el limbo un año después del golpe a Zelaya

El presidente Lobo denuncia un complot para derrocarlo

Cuando se cumple un año del golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya, Honduras todavía continúa en el limbo. No se ha recuperado del aislamiento internacional, la polarización interna y el declive económico provocados por la ruptura del proceso democrático en el país centroamericano. El nuevo presidente, el conservador Porfirio Lobo, que se impuso en las elecciones celebradas el 29 de noviembre pasado, mostró en los últimos días su preocupación por la inestabilidad política que vive el país y denunció una conspiración para tratar de derrocarlo. Lobo aún no ha logrado el reconocimiento de la comunidad internacional y Honduras continúa fuera de la Organización de Estados Americanos (OEA), de donde fue suspendido a raíz del golpe.Zelaya fue depuesto el 28 de junio del año pasado y enviado por los militares en un avión a Costa Rica cuando promovía una consulta popular –ilegal– orientada a reformar la Constitución y perpetuarse en el poder. El entonces presidente del Congreso, Roberto Micheletti, tomó las riendas del país durante cinco meses, en los que impuso un virtual estado de excepción ante las constantes protestas callejeras de los seguidores del mandatario depuesto. Zelaya trató de regresar al país en dos ocasiones, primero en avión y luego por tierra, hasta que por fin logró entrar en Tegucigalpa de incógnito y refugiarse en la embajada de Brasil, donde permaneció cuatro meses, hasta el 27 de enero, cuando concluía su mandato y lo asumía Lobo. ¿Vuelta de Mel?Desde Santo Domingo, donde vive exiliado desde que dejó Honduras, Zelaya dijo que no se arrepiente de las decisiones tomadas y apuntó directamente a EE UU. «Ya sabemos por los hechos posgolpe que lo que sospechábamos se confirmó. EE UU estuvo detrás del golpe», dijo Zelaya.Lobo ha asegurado que Zelaya puede volver a Honduras cuando lo desee, pero el ex mandatario no confía en poder regresar con garantías, dado que la justicia lo reclama por presuntos delitos de corrupción. «El propio presidente Lobo ha dicho que hay un movimiento para derrocarlo. Yo pregunto: si Lobo no puede garantizar ni su seguridad, ¿cómo podrá garantizar la mía?», reflexionó Manuel Zelaya.