El futuro «real» del atún rojo y de las almadrabas pendientes de un hilo

Para los ecologistas, la campaña para salvar la especie es fraudulenta y exigen ampliarla durante más tiempo. 

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Más de 3.000 años de tradición pesquera se pueden ir al traste en menos de un lustro. No es nuevo que el apreciado atún rojo se encuentra en crisis, pero tras las últimas campañas, la flota artesanal de todo el país ha lanzado la voz de alarma para salvar un sector del que viven 2.200 personas, de las cuales 1.800 son pescadores andaluces repartidos entre las cuatro almadrabas del Estrecho de Gibraltar y la flota de Carboneras (Almería).

El pasado 26 de octubre, la nueva ministra de Medio Ambiente y Medio Marino, Rosa Aguilar, se mostró reacia a las pretensiones de la comisaria de Pesca de la Unión Europea (UE) María Damanaki, cuya intención pasaba por reducir a la mitad las actuales 13.500 toneladas del Total de Capturas Admisibles (TAC), de las que 2.526 toneladas corresponden a España y en torno a las 2.200 para la comunidad andaluza. Tal y como están las cosas, una disminución de la TAC supondría una quiebra absoluta de la existencia de la flota artesanal, que se tendría que plegar a las pretensiones de los intereses de la industrial, localizada en Cataluña, y de la que no viven más de 200 personas.

«Se trata de una forma velada de acabar con este sistema de pesca por parte de las administraciones», cuenta Marta Crespo, gerente de la Organización de Productores Pesqueros de Almadrabas, quien concreta que pese a que los estudios biológicos mantienen que existe un repunte de la especie, todavía «hay que darle tiempo». Pero lo que preocupa a las organizaciones de todo el país, que por primera vez se han unido en un manifiesto conjunto, es la presión de las asociaciones ecologistas y conservacionistas, que insisten en bajar las capturas y rebajarlas unas 6.000 toneladas. En el comunicado conjunto, expresan que desde que se ha puesto en marcha el Plan de Recuperación, las flotas artesanales, las que más han contribuido a la recuperación del recurso, han sido las más perjudicadas, mientras que las industriales han incrementado la presión sobre la especie debido a la aplicación de unas nuevas tablas de crecimiento y engorde que presuponían un aumento de peso de hasta un 142%. De este modo, y mediante un proceso de engorde, se consiguen de las 800 toneladas que tienen asignadas hasta las 1.936 toneladas. Las organizaciones consideran que «sería totalmente injusto que miles de pescadores, que llevan cientos de años viviendo de un recurso de manera sostenible, artesanal y respetuosa con el medio ambiente, tengan que desaparecer por culpa de una minoría de mal llamados pescadores acuicultores».

Las presiones ecologistas pueden hacer mella en la próxima reunión del Comité Científico de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT), que desde hoy y hasta el 27 de este mes debatirá el futuro de la especie en los próximos dos años. Los gobiernos de la UE han sacado pecho y ya ondean la bandera de la recuperación gracias al «esfuerzo» de una campaña sobre la que planean las dudas del fraude de la cantidad real de las capturas. De hecho, Greenpeace y WWF piden que se acabe con su pesca y han señalado a un barco de bandera turca que no declaró 18 toneladas de atún rojo, saltándose todos los controles del ICCAT. Con esta nueva denuncia, advierten de que realmente en el proceso de recuperación de la especie no se ha llevado a cabo las garantías científicas y legales exigidas, unas medidas que sí tienen las pesquerías tradicionales, que ven su futuro muy complicado.