La conjura del pequeño Sarkozy

El alumbramiento ayudará a «humanizar» y «dulcificar» al presidente francés de cara a las elecciones de 2012

Carla Bruni y Nicolas Sarkozy, el miércoles, a la salida de un restaurante
Carla Bruni y Nicolas Sarkozy, el miércoles, a la salida de un restaurante

Ni Carla Bruni ha dado todavía a luz, ni el bebé se llama «Vadim». Es sólo el último de los numerosos rumores que esta semana han circulado por las ondas y las redes sociales, en plena efervescencia desde que la primera dama de Francia reveló que el alumbramiento podía llegar en cualquier momento a partir del 1 de octubre. Quince días después, «Sarkozy Junior» todavía no ha llegado, pero sí se le espera. Y con no poca ansiedad a juzgar por el eco mediático y el dispositivo de seguridad desplegado en torno a la clínica La Muette, que hace honor a su nombre, «La Muda», porque ni una palabra se filtra del centro sanitario en donde la ex modelo ha de traer al mundo al primer hijo de un presidente francés en ejercicio.

Vecinos exasperados
A doscientos metros de la puerta de la maternidad una decena de fotógrafos y cámaras hacen guardia estoicamente. Eso sí, alejados escrupulosamente de la entrada por imperativo elíseo. El mismo que impide que cualquier coche que no sea de los servicios de seguridad aparque en la calle. La expectación y simpatía despertada en un principio entre los vecinos de este aburguesado barrio se ha tornado en exasperación mientras hay quienes conjeturan sobre la posibilidad de que la primera dama haya podido dar a luz en otro lugar.

Discreta en cuanto a su embarazo, Carla Bruni quiere el mismo secretismo para el día que en que se ponga de parto y el total anonimato para el futuro recién nacido al que ha prometido «preservar de toda exposición pública». Quizá por eso, ni ella ni el Elíseo se han molestado en desmentir la miríada de informaciones –erradas la mayoría–, publicadas en las últimas semanas. Una manera también de jugar al despiste y, paradójicamente, de alimentar de paso la expectación. Una táctica de comunicación seguramente bien estudiada por el entorno de Nicolas Sarkozy, en el que nada es dejado al azar. Como muestra, la aparición sorpresa del matrimonio presidencial la pasada noche del miércoles. Mientras algunos medios aseguraban categóricamente que la cantante estaba ingresada y alumbrando, en ese mismo momento la pareja se dejaba ver cenando en un exclusivo restaurante de París, a sólo unas calles entre el domicilio de los Bruni-Sarkozy y el hospital donde dará a luz. Horas antes la embarazadísima ex top model, vestida de una simple camisola blanca y unos leggins negros, provocaba un rugido de flashes en la puerta de su casa ante la que «posó» hablando por teléfono. Nada que ver con la Bruni postrada en una cama de hospital como algunos mentideros afirmaban, por supuesto y siempre, «de buenas fuentes».

Mamá a tiempo completo
Lo cierto es que la primera dama pasa estos días como casi cualquier otra mujer en su mismo estado: esperando pacientemente, evitando grandes sobresaltos y ultimando las compras para recibir al nuevo miembro de la familia. Este jueves, una vez más, tampoco estaba trayendo al mundo al bebé más esperado de toda Francia, y de la blogosfera, sino eligiendo algunos modelos para neonatos en una conocida boutique infantil cercana al palacio presidencial.

Y es que, aunque todavía no ha visto la luz, el bebé elíseo ya ha ocupado tanto espacio mediático como las elecciones primarias socialistas con las que este final de concepción ha venido a coincidir. Y es que, lo quieran o no, esta gestación trasciende la vida privada de un jefe de Estado como Sarkozy, propenso en muchos momentos a airear con fines políticos los entresijos de su vida familiar. «Por este motivo el embarazo se convierte automáticamente en un elemento de comunicación», subraya el especialista en mensajes electorales Christian Delporte, autor de «Una historia de la seducción política».

Está claro que el futuro retoño no hará campaña junto a su padre en las elecciones presidenciales de 2012, pero no cabe duda de que, entonces, la reciente paternidad de Nicolas Sarkozy no pasará desapercibida entre el electorado. Un niño en plena batalla por el Elíseo contribuirá, piensan algunos, a «dulcificar», a «humanizar» la imagen de un líder como el mandatario galo, conocido por su aguerrido verbo y sus exabruptos. Otros, sus detractores, pronostican ya la instrumentalización electoralista que el candidato «Sarko» –si se presenta a su reelección, como parece evidente–, hará de ese futuro nacimiento.

En cualquier caso, la llegada del bebé presidencial va a trastocar el ritmo y la agenda de Madame Bruni-Sarkozy, madre hasta ahora de un único hijo, Aurélien, de diez años, y fruto de su relación con el filósofo Raphaël Enthoven. La cantante, que ha tenido que retrasar la grabación y publicación de su nuevo disco, podría ver pospuesta la salida al mercado de ese próximo trabajo, puesto que piensa ejercer de madre a tiempo completo.


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SONRISAS A LA CÁMARA

El misterio que envuelve al nacimiento del retoño de Bruni y Sarkozy (del que no se sabe ni su sexo) afina el ingenio de los galos. Un repostero de París incluso se atrevió a ofrecerle al presidente un «souvenir» del futuro alumbramiento, un pastel incógnita con el que le arrancó una sonrisa al futuro papá .


Infancia entre flashes
Al pequeño Nico o la pequeña Carla –¿se llamarán así?–, le espera un panorama en el que ser hijo de «celebrities», no es lo que era: si no que se lo pregunten a Suri, Blanket o Brooklyn. La primera, hija de Tom Cruise y Katie Holmes, marca estilo con ropas de marca y tacones poco apropiados para su edad. El pequeño del malogrado Michael Jackson se crió entre flashes y escándalos (¿recuerdan la foto del balcón?) , mientras que el cuarteto de Beckham y Victoria, formado por el mayor y sus tres hermanos menores, Romeo James, Cruz David y la esperada niña, Harper Seven, se ha acostumbrado a aparecer de punta en blanco día sí y día también en los tabloides.