La algarada no es el camino por José Miguel Serrano

La Razón
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La actual situación económica en la que literalmente no hay dinero, pues la posibilidad de endeudarse simplemente no existe, es una ocasión de mostrar si los diversos sectores, antes que por intereses corporativos, se guían por un verdadero intento de lograr el bien común. En este sentido las protestas en Educación generan la sospecha de que algunos grupos encubren bajo el discurso de los servicios públicos esenciales su resistencia a adaptarse a una situación en la que la sociedad en su conjunto se ha empobrecido. Más grave aún es que muchos de los que desde puestos de responsabilidad han querido actuar como si no nos acercásemos a la actual quiebra oculten sus responsabilidades bajo un lenguaje pretendidamente solidario.

Antes que un conjunto de protestas que van a deteriorar aún más la situación de la enseñanza, especialmente la pública, sería deseable un discurso coherente y claro de cómo repartir equitativamente el coste de la reorganización de sector educativo. En la actual situación todos deben hacer más con menos y nadie puede negar que en España, en comparación con nuestro entorno real, la estructura, gestión y competencias son claramente mejorables.

Desde otras áreas de la sociedad, en las que el ajuste esta siendo brutal, piénsese por ejemplo en el empleo, puede creerse que la resistencia a la corresponsabilidad en el coste de la educación en las fases no obligatorias es injustificable. Todo estudiante español está en cierta medida becado, todo profesor es responsable de bienes públicos. El Gobierno debe buscar una reorganización de la enseñanza razonable, que no cargue todo el ajuste en el empleo, que resuelva ineficiencias, que cree un sistema sostenible. En este contexto podemos denunciar que quienes no han hecho nada contra el actual deterioro se pongan a la cabeza de la manifestación.

La aceptación de los actuales sacrificios exige en contrapartida un compromiso gubernamental de mejora e inversión cuando cambien las tornas. Muchos entendemos que esa exigencia no se logra con la algarada o la protesta.

 

José Miguel Serrano
Profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid