Así maté a 17 guardias civiles

Antonio Troitiño Arranz, que se encuentra en libertad desde el pasado miércoles, pese a que no cumplía condena hasta dentro de seis años, relató, con toda frialdad a la Policía, tras ser detenido en enero de 1987, cómo fueron los dos atentados perpetrados en Madrid en los que fueron asesinados 17 guardias civiles.

El «comando» estaba formado, además, por José Ignacio de Juana Chaos, «Iñaki»; Idoia López Riaño, «Margarita»; y Juan Manuel Soares Gamboa, como miembros «liberados» (fichados y a sueldo de la banda). De estos cuatro, dos están en libertad, Troitiño y Soares, quien se convirtió en «arrepentido»; López está en la cárcel, pero también en fase de arrepentimiento, por lo que, en breve, se podrá acoger a beneficios penitenciarios; y De Juana es prófugo de la Justicia.

El resto de la célula estaba integrado por otros individuos, como «ilegales» y «legales», según explica Troitiño. El 25 de abril de 1986, el «comando» asesinó a cinco agentes de la Benemérita en la calle Juan Bravo de Madrid. El terrorista relató de esta manera su participación, y la de sus compinches, en la acción criminal:

«Esta información la teníamos de la campaña anterior, en la que habían estado Iñaki de Juana y Gamboa. Para llevar a cabo la acción nos dividimos por parejas, yendo en primer lugar Idoia y yo y luego, para confirmar, Iñaki y Gamboa. Cuando comprobamos que el Jeep pasaba por allí todos los días a la misma hora; en el piso de la calle Carranza 11, los miembros del "comando"decidimos cometer el atentado.

Estaban presentes en esta decisión los miembros de la infraestructura ilegal, Esteban Esteban Nieto e Inés del Río Prada, alias "Nieves". Para realizar la acción, Iñaki, Esteban y yo preparamos un Seat 124, comprado por él, con tres ollas de explosivo y tornillería para aumentar los efectos mortíferos del material explosivo. Una vez preparado, le colocamos las placas de matrícula que habíamos cogido de un coche abandonado».

«El día elegido para el atentado», prosigue con su relato, «los cuatro miembros del "comando"salimos del piso de la calle Carranza armados con pistolas y una granada, como era habitual en nuestros movimientos por Madrid. Idoia e Iñaki se dirigieron con el Seat 124 cargado de explosivos y lo aparcaron al lado de un hospital que hay en la calle Juan Bravo, por donde tenía que pasar, sobre las 7:30 de la mañana, el coche de la Guardia Civil. Mientras, en el Renault-11 nos trasladamos al lugar Gamboa, que conducía, y yo que era el encargado de accionar el mando a distancia.

Una vez allí, nos colocamos en una calle paralela a la izquierda de Juan Bravo, y, mientras Gamboa permanecía al volante, me coloqué en un lugar estratégico de una plaza desde donde tenía visión directa del Seat 124. Cuando el Jeep pasó a la altura del 124, no tuve más que accionar el mando para provocar la explosión, puesto que Iñaki había dejado colocadas las frecuencias. Una vez que se produjo la explosión, Gamboa y yo nos retiramos a la calle Río Ulla número 8, donde nos esperaban Iñaki e Idoia.

El 14 de julio del mismo año, el atentado contra la Guardia Civil fue perpetrado en la Plaza de la República Dominicana: «La información para este atentado la obtuvimos Iñaki, Idoia, Gamboa y yo durante unas vigilancias que hicimos sobre el Parque de Automovilismo de la Guardia Civil, en las que se observaba la salida de un autocar que rutinariamente pasaba por la Plaza de la República Dominicana. Después de comprobar la información durante unos cinco días, labor en la que les ayudó "Nieves", decidimos que ya podíamos llevar a cabo el atentado».

«La furgoneta que cargamos de explosivo la había comprado Iñaki en el Rastro y la preparamos en el garaje de la calle Sambara los cuatro miembros del "comando", ayudados por Esteban e Inés, siendo Iñaki el que realizó toda la parte técnica, ya que es el que tiene mayor conocimiento de explosivos. La acción se planea en la calle Carranza en presencia de Esteban y "Nieves"y de allí se sale el día que se lleva a efecto el atentado, aunque previamente lo habíamos intentado unas cinco veces resultando fallido, al no aparecer el autobús».

El día del atentado, Idoia y Gamboa trasladan la furgoneta cargada de explosivos a la Plaza de la República Dominicana, aparcándola en el lugar donde la noche anterior habíamos dejado un Citroën BX. Simultáneamente, Iñaki y yo nos dirigimos en un R-18, que nos había entregado la Organización, a la siguiente bocacalle, quedándose Iñaki al volante, mientras que yo me coloqué en una parada de autobús próxima con visión directa para accionar el mando a distancia en el momento en que el autobús pasara a la altura de furgoneta.

El dispositivo eléctrico lo había dejado perfectamente a punto Iñaki. Una vez que se produjo la explosión, nos trasladamos en el R-18 a las proximidades del garaje de Sambara, desde donde me dirigí al piso de Ricardo Ortiz e Iñaki hizo lo mismo después de entregarle el coche a "Nieves", que lo metió en el garaje».

En paradero desconocido
El etarra Antonio Troitiño Arranz salió de la cárcel de Huelva con lo puesto y unos 70 euros en el bolsillo. Al franquear la puerta de la prisión de Huelva, trató de orientarse y vio una cabina. Se sabe que hizo varias llamadas, una de las cuales debió ser a la emisora de taxis de la ciudad, ya que un automóvil pasó a recogerle. A partir de ahí, no se tienen noticias de su paradero y personas que han tratado de localizarle, no han podido encontrarle en los domicilios del País Vasco a los que pudiera haber acudido.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes conocedoras de lo que ocurrió, tras recibirse la orden de la Audiencia Nacional de ponerle en libertad, se le entregaron sus efectos personales, entre los que figuraba el Documento Nacional de Identidad y el dinero que le quedaba en su «cuenta» (para los gastos en el interior de la prisión), que no llegaban a los 70 euros. La sorpresa que supuso la orden de su excarcelación hizo que nadie de su familia o amigos le esperaran a la puerta del centro y que Troitiño tuviera que optar por «buscarse la vida».

Las fuentes consultadas recuerdan que se trata de un terrorista experimentado, al que los años encerrado no han hecho olvidar lo que aprendió cuando estaba en activo en los «comandos Aizkora» o «Madrid». Sabe moverse en cualquier terreno y es probable, dado el poco dinero que llevaba, que pidiera al taxista que le trasladara a algún punto de la ciudad de Huelva u otra población cercana, donde aguardar a alguien que le fuera a buscar.

También se desconoce su reacción ante la noticia, que habrá escuchado, de que la Fiscalía va a recurrir su puesta en libertad. Un individuo como Troitiño podría esperar la decisión última de la Audiencia Nacional en algún domicilio conocido, o en otro que considere más seguro, sabedor de que nadie le puede detener.