Historia

La herida

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Los españoles nos solemos quejar de que atentados atroces como el del 11-M dividieron a la sociedad española. Nos complacemos en citar el ejemplo de los norteamericanos, que, según se suele escuchar, reaccionaron de manera muy distinta y se unieron en el apoyo a sus representantes.

La realidad es muy distinta… por desgracia. Estados Unidos conoció, efectivamente, un rebrote de patriotismo durante algunos meses, pero muy pronto, en cuanto el presidente Bush y su equipo empezaron a elaborar una política de respuesta a lo ocurrido, aquella unidad se terminó. Desde entonces, en la política norteamericana se ha instalado una larga etapa de enfrentamiento y de tensión que ha contribuido a profundizar las divisiones anteriores, de los años 70.

La respuesta de Bush al 11-S fue discutible, como lo es cualquier política. Ofreció flancos muy débiles, como la errática actuación en Irak tras el derrocamiento de Sadam Hussein, actuación que propició episodios tan catastróficos como el de Abu Graib. Incluso se puede mantener (yo no comparto esta opinión) que fracasó. Cosa muy distinta es negarle legitimidad, que es lo que se vino haciendo desde muy temprano. Se abrió entonces la cacería al hombre, con la puesta en ridículo sistemática y bestial de los responsables políticos republicanos, una campaña que aumentó, si cabe, con el refrendo conseguido por Bush en las elecciones de 2004.

En Gran Bretaña, otro país que en España se suele poner como modelo de patriotismo, ocurrió lo mismo con Blair. Lo sucedido aquí con Aznar y el PP no es por tanto una excepción. Es más bien el signo de una profunda división que desde entonces no ha hecho más que aumentar en los países democráticos. Al parecer, no sabemos muy bien cómo gestionar esa misma democracia. La herida abierta por el 11-S está lejos de cerrarse.