Habemus gubernatio

La Razón
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Es muy probable que Ramón Luis Valcárcel abordara el debate de investidura con el perfil de su nuevo Gobierno ya diseñado, pero también que su apego a la prudencia y a las formas le obligaran a permanecer en el más absoluto silencio hasta que todos, salientes y entrantes, supieran por su boca de las intenciones futuras. El contenido de su propio debate apuntala esta teoría, pues al fin y al cabo son los expertos en cada área los que dirigirán el designio del nuevo Ejecutivo, es decir, los más preparados para cada función al frente de ellas, con el solo objetivo de buscar la mayor rentabilidad a su acción en tiempos de crisis. Así se entiende que José Ballesta pase a Universidades; que Constantino Sotoca siga en Educación; que María Ángeles Palacios mantenga la «macro» sanitaria con Política Social añadida; que Antonio Cerdá lo haga con Agricultura y Agua y, Pedro Alberto Cruz continúe en Cultura y Turismo por lo que pueda suceder tras las elecciones generales. Pone a Antonio Sevilla en Obras Públicas, es decir, al experto en la materia, en la materia misma, y a Salvador Marín, en su otra sapiencia que son los números, y articule una nueva consejería (Presidencia-Interior), donde se coordine sólo lo que pueda depender del consejero y del propio presidente, es decir, la Justicia, la Seguridad y parte de la acción del Gobierno al más puro estilo de otros ejecutivos como la Generalitat catalana, el gobierno de Madrid o la Lehendakaritza. En definitiva, un Gobierno a más de 120 kilómetros/h que es lo que demanda y exige nuestro tiempo, con gente preparadísima al frente de cada departamento para sacarnos a todos de la larga noche de la crisis más dura de nuestra historia reciente. Valcárcel sabe también que se enfrenta a tres asuntos muy delicados en los próximos meses. A saber, las elecciones generales, bien adelantadas a noviembre o a principios de marzo de 2012; su presidencia, a comienzos de año al frente del Comité de las Regiones y el pago de la deuda a los proveedores para taponar con urgencia la sangría de la destrucción de empleo, lo que exige de su presencia y máxima atención en cada frente para dar la altura y la solvencia que se precisa, que no es otra cosa que la confianza. De todo ello, este Gobierno, que, además, ha recibido el aplauso general y el reconocimiento de todos, sin demérito por los salientes, que sin duda han sido parte fundamental de la obra hasta día de hoy, y que continuarán siéndolo en tiempos futuros aunque cambien sus responsabilidades políticas hasta ahora desempeñadas. La desorientación de la oposición y su más absoluto desconcierto se mantienen a la mañana siguiente de tender su mano a Valcárcel en la Asamblea, peor que la tercera entrega del brazo tonto de la ley de Santiago Segura, un torrente que fluye cada vez con más sin sentido y falta de coherencia. Retegui debería hacerse revisar el discurso para no caer en la contradicción que vimos en su entrevista en una popular revista de tetas española. Por lo demás, sólo cabe elogiar la valentía de Valcárcel al ser el primero en aplicarse un recorte en dos de sus consejerías y predicar con el ejemplo, porque obras son amores y no buenas razones. En cuanto a Retegui y Pujante, ellos se lo pierden, porque lo importante de este «habemus gubernatio» es que ojalá Murcia, y todos los murcianos juntos, emprendamos la maravillosa aventura de encontrar la salida del túnel, pese a la oposición murciana, que mucho deberá cambiar para hacerse creer, como reconocen hasta los propios socialistas del Cemop.