Dos colillas el origen del desastre

Fallece un hombre de 64 años, la cuarta víctima de los incendios del Alto Ampurdán. Efectivos de la Generalitat, el Gobierno y Francia se unen para controlar el fuego

FIGUERAS- La llegada a Figueras no podía ser más desoladora. Las columnas de humo de los diferentes focos del incendio se erigían a lo largo del Ampurdán formando una espesa neblina. El calor, a las puertas del mes de agosto, sofocante. Por el cielo surcaban helicópteros e hidroaviones. El centro de mando, situado a las afueras de la localidad gerundense, era un trajín de bomberos, soldados y agentes de los Mossos d'Esquadra. En los corrillos improvisados, la letanía era siempre la misma: «está descontrolado». Afortunadamente, el incendio que también se declaró el pasado domingo en Portbou entró en fase de control a primera hora.

El consejero de Interior de la Generalitat de Cataluña, Felip Puig, confirmaba, sobre las 16:00 horas, lo que ya era un secreto a voces, «los fuegos se originaron por una acción humana». Concretamente, por colillas arrojadas a la carretera por conductores imprudentes. Los agentes rurales, peinando la zona donde se originó el fuego, una zona de aparcamiento de camiones de El Pertus en la N-II, también encontraron centenares de restos de cigarrillos.

Descontrolado
«No está en fase de control y no se espera que lo esté en las próximas horas», añadió tajante Puig. Mientras, un millar de personas, entre Bomberos de la Generalitat y efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), trabajaban a destajo en las inmediaciones de Darnius, Terrades y Agullana, cuyos habitantes se confinaron en sus casas siguiendo las indicaciones de Protección Civil, entre otros municipios afectados.

El fuego, que afecta a 17 municipios, amagó durante todo el día con invadir la autopista AP-7, cortada la tarde del domingo y reabierta ayer. Los payeses de la zona araron los campos para que actuaran como cortafuegos. La cifra de hectáreas afectadas ascendía por la tarde a 13.824 hectáreas a lo largo de 63 kilómetros desde La Junquera hasta las proximidades de Figueras. «Hectáreas afectadas, que no quemadas», insistía Puig. Las arrasadas ascendieron a 9.000. Los esfuerzos se centraban en mantener el perímetro de las llamas –entre 65 y 70 km– y en evitar que el fuego saltara al Alta Garrotxa, zona especialmente protegida por su valor ecológico. El viento, un día más, no quiso dar cierta tregua hasta bien entrada la tarde.

El consejero catalán de Interior también dio a conocer el último balance de pérdidas humanas. Cuatro personas han fallecido a causa de los dos incendios que se originaron el pasado domingo. La última víctima murió ayer por la mañana en el Hospital de Vall d'Hebron de Barcelona, donde permanecía ingresado. Una de las lenguas del incendio alcanzó una gasolinera de los aledaños de Agullana provocando una explosión que le alcanzó completamente. El hombre, de 64 años y nacionalidad francesa, no pudo superar la gravedad de las heridas. Tenía quemaduras en el 80 por ciento del cuerpo. En cuanto a los heridos, a última hora de ayer permanecían hospitalizadas ocho personas con pronósticos de diversa consideración. Entre éstas, se encuentra una mujer y dos de sus hijos, un niño de nueve y una chica 18 años, que huyendo del fuego de Portbou saltaron al mar para salvar sus vidas. No corrieron la misma suerte su marido y una tercera hija de 15 años. Perecieron al chocar con las rocas. La familia, de origen francés, formaba parte de un grupo de 25 personas que se vio atrapado por las llamas mientras circulaban por la carretera N-260 que discurre paralela a la costa catalana y donde comenzó el incendio. Al parecer, el origen también fue una colilla.

La virulencia de las llamas avivadas por el fuerte viento empujó a los afectados a tratar de resguardarse huyendo hacia el mar. Junto a la familia, ahora rota por la tragedia, también saltaron al agua otras personas, pero con mejor suerte. «Fueron muy osados ante un mar peligroso», explicó el comandante de la Guardia Civil Francisco Sánchez Zarza. Los supervivientes fueron rescatados por Salvamento Marítimo. Además, el Servicio de Emergencias Médicas asistió a otras 47 personas. También quiso seguir de cerca las tareas de extinción del incendio de La Junquera el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Sobre las 17:00 horas, el titular de Interior llegó al puesto de mando ubicado en Figueras y reiteró el apoyo tanto logístico como moral del Gobierno a la Generalitat de Cataluña. También quiso agradecer la ayuda prestada por el Gobierno francés, que envió 300 bomberos y cinco aviones. El ministro señaló que el despliegue de medios y efectivos podría ampliarse si en las próximas horas la situación se endurece. Con todo, y dadas las primeras pesquisas sobre la causa de los incendios que están azotando el Alto Ampurdán, Fernández Díaz abogó por un «endurecimiento» de las penas contempladas por el Código Penal ante «estas actitudes que conllevan pérdidas» tanto materiales como humanas.