«Este minero es mío»

LA RAZÓN, testigo del duelo bajo el sol chileno de las dos mujeres de Yonni Barrios, uno de los 33 héroes de Atacama que ayer volvió a casa

Yonni Barrios, el minero  «casanova», se abraza a su amante Susana Valenzuela. En la parte derecha, su esposa, Marta Salinas
Yonni Barrios, el minero «casanova», se abraza a su amante Susana Valenzuela. En la parte derecha, su esposa, Marta Salinas

El barrio Juan Pablo II es uno de los poblados más pobres y violentos de Copiapó. Las casas son de adobe, madera y chapa. Bajo un sol de justicia, los niños juegan descalzos al fútbol sin importarles que la pelota se quede encallada en el barro. A su lado, los perros buscan desesperados una sombra donde poder descansar. En este humilde barrio de mineros se alojan algunos de los 33 héroes que salieron de las entrañas de la tierra. Yonni Barrios (50 años) es uno de ellos. Yonni se dio a conocer en el mundo por los informes médicos de sus compañeros pero, sobre todo, por sus líos de faldas, que le dieron el apodo del «casanova enfermero».

Y es también el barrio donde se alojan las dos mujeres que se disputan el amor de Barrios. A una distancia de casi 100 metros, dos mujeres aguardaron al minero. Pocas horas después de salir de la mina San José, donde estuvo enterrado durante casi 70 días, a Yonni lo esperan en la ciudad de Copiapó su actual pareja Susana Valenzuela y su esposa, Marta Salinas, en casas situadas a menos de una calle de distancia, una situación que bien podría anunciar un duelo bajo el sol chileno del que va a ser testigo LA RAZÓN.

Globos con la bandera de Chile rodean la casa en la que Yonni Barrios vive con Susana. Algunos vecinos preparan un asado y el ambiente es completamente festivo. Allí dormía Yonni, quien durante el tiempo sepultado en la mina, debido a sus conocimientos médicos básicos, hizo informes sobre sus colegas y los vacunó contra el tétano y la difteria.

Hay varios carteles, escritos a puño y letra por la propia Susana. Uno de ellos dice: «Este minero es mío (Ojo)». Otro: «Te amo mi Tarzán. Bienvenido a tu casa con tu Jane». En la puerta de la casa, Susana Valenzuela, muy maquillada y ya vestida para recibir al minero, muestra las fotocopias de una foto de ella «Fíjate, cómo he salido en todos lados!», se jacta.


La otra también está casada
«Él es un superhombre», dice esta mujer dicharachera, quien se define además como «ultra coqueta». Susana vive con Barrios desde hace casi dos años aunque el minero sigue legalmente casado con Marta Salinas. Pero esto a Susana no parece importarle, ya que ella también está casada. «Tampoco se puede casar conmigo, así lo quisiera», reflexiona.

Durante el tiempo que Barrios estuvo confinado en las profundidades de la mina, en la superficie del yacimiento se hizo famosa la disputa entre Susana y Marta. Abajo, Barrios lo tenía claro: dio prioridad a su relación con Susana, quien resultó finalmente elegida para recibirlo.

Aún así, Marta, con quien estuvo casado más de 25 años, lo espera desde su pequeño almacén de barrio y prepara un asado para compartir con otros vecinos. «Será cuando él quiera», dijo.

«Él nunca quiso separarse» legalmente, dice Marta, una mujer reflexiva y sosegada. Cuenta que Susana la convocó al campamento Esperanza donde permanecieron los familiares esperando el rescate para que él eligiera.

«Pero yo no tengo nada que rescatar de nuestro matrimonio. Hay que ser buena perdedora», señala Marta, hastiada de cómo su historia íntima hizo tanto ruido en la televisión y la Prensa.
Ahora ella quiere mudarse. Pero dice que él no la deja. Incluso durante los días que estuvo encerrado, Yonni le agradeció en varias oportunidades su apoyo.

«Marta, te doy las gracias por estar ahí apoyando, porque cuando yo no tengo dónde estar tu me recibes y ahora que estoy encerrado me estás esperando arriba», le escribió en una carta.
Marta explica que Barrios es muy astuto. «No se quiere quedar sin pan ni pedazo», dice sobre él una vecina. A lo que Marta responde que no volvería ya con Barrios. Los días que estuvo atrapado en la mina la hicieron «pensar mucho».


Cuando aparece el dinero
En medio de la conversación, sale Susana gritando. Marta la mira silenciosa. Y de repente pregunta: «¿Qué tal encuentras tú a la Susana?». Y su vecina la consuela: «Oye Marta, no hagas caso tú, todo esto es para la Prensa».

Pero Susana no descansa. «Yonni Barrios es mío y chao. Ni un solo mono más entra acá», exclama. «Cuando aparece el dinero, los muertos salen de la tumba», agrega, refiriéndose a la donación del empresario chileno Leonardo Farkas a los 33 mineros.

La conversación sube de tono cuando es consultada por cómo recibió a su pareja y qué fue lo que conversaron en los primeros minutos del reencuentro.

«Él me dijo que me escondiera en el hospital, pero si me quedaba lo podía "matar"justo cuando salió de la mina», reveló en relación a la petición de Yonni Barrios de que pasara la noche con él mientras estaba internado.

«¿No le molesta que le diga la amante?», la preguntan, a lo que la actual pareja de Barrios responde: «No, pero digan que yo soy la que le quitó el marido a la otra», desatando la risa entre los cientos de periodistas que se encuentran apostados en su casa.

Botellas de champagne y un asado esperaban a Yonni Barrios. El minero infiel llegaba su humilde vivienda fuertemente escoltado por el cuerpo de carabineros. «Tiene más protección que Luis Miguel», dice uno de los fotógrafos chilenos que aguarda desde hace horas en la puerta.

En la vivienda, el minero no hace referencias a su fama de galán pero afirma que no tiene reparo alguno en «volver a la mina». Al ser consultado sobre si tiene miedo a la muerte, Barrios responde que tajante: «No tengo miedo a nada, estuvimos con la muerte 17 días». Los 17 primeros.

Barrios agregó que no se esperaba un recibimiento como el que ha tenido y que lo más difícil de estar atrapado a 700 metros de profundidad fue haber sentido «decepción e impotencia, porque la situación que pasamos fue muy complicada».

«A veces perdimos la esperanza de que nos iban a encontrar. Todos los días cuando escuchábamos las máquinas que no llegaban donde estábamos nosotros nos desesperábamos mucho», dijo Yonni.


Pacto de silencio
Tras el reencuentro con los familiares, los portavoces del grupo de mineros reivindicaron en su primera rueda de prensa respeto a su privacidad a los medios de comunicación. Además, anunciaron un pacto de silencio sobre lo ocurrido desde el derrumbe hasta el momento en el que fueron localizados, hechos que relatarán en un libro conjunto.

El principal portavoz del grupo, Juan Illanes, reconoció el pacto de silencio que calificó como «secreto de Estado», que acordaron en grupo y señaló que estaban sorprendidos por el interés generado. Así, calificó el momento que viven como «escandaloso, por la dimensión que ha tomado» y pidió «respeto» a los periodistas para que «nos dejen el espacio suficiente para aprender cómo enfrentarnos con ustedes».

Acompañado por seis de sus compañeros, Illanes agregó que «hay una imagen que se ha generado y es compromiso nuestro como grupo mantenerla y proyectarla, no para mantener negocios a futuro», remarcó.

La dimensión mediática del «milagro de Atacama» y su repercusión en términos de la imagen exterior de Chile han desatado una auténtica caza de la exclusiva sobre cualquier revelación sobre lo ocurrido en los casi 70 días que pasaron a 700 metros.