Menos entidades y más solventes por Javier Flores

La Razón
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Dadas las condiciones adversas de la economía española en recesión y la dificultad para financiarse en el mercado, no es fácil ser un banco español y enfrentarse a uno de los años más difíciles, satisfaciendo las exigencias de capital de los reguladores europeos y del Gobierno español al mismo tiempo que se hace frente a las dificultades de la deuda soberana y el deterioro de la calidad de los activos inmobiliarios. Y, sin embargo, entidades como Banco Santander y BBVA han demostrado que el ejercicio del equilibrio es posible, situándose a la cabeza del sector en la Eurozona y América Latina.

Pero siendo los casos de éxito más evidentes y visibles, no son sin embargo la excepción de un sector maduro en el que entidades como CaixaBank y Bankinter también constituyen una referencia importante en gestión y profesionalidad en el manejo de la actual coyuntura. Es importante el esfuerzo de adaptación al proceso de reforma por parte de Popular y Sabadell. La crisis, por lo tanto, no ha impedido que nuestro país mantenga una posición importante en el sector financiero global y, pese al estancamiento económico, el rampante desempleo y el dramático descuadre de las cuentas públicas, además de que no todo está perdido, el financiero es sin duda uno de los sectores en los que España tiene más que decir en el mundo, por lo que el anuncio por el Ministerio de Economía de que el Banco Central Europeo, junto con dos firmas independientes, asumirá la supervisión de la banca española, empezando por el próximo ejercicio de valoración de sus activos y la creación de los llamados bancos malos, es el paso necesario para despejar las dudas indiscriminadas sobre el sector y desmenuzar la situación de cada entidad para así separar la paja del grano y dejar atrás las fusiones por «supervivencia», que han dado como resultado el ejemplo nada agradable y representativo de Bankia, cuya fuga de clientes hacia la competencia, dicho sea de paso, parece tener más que ver con el monumental enfado por las pérdidas de muchos de los clientes minoristas de la propia entidad que compraron acciones en la salida a bolsa en julio del año pasado, que con una falta de confianza en el Gobierno de España para proteger sus depósitos.

El sector financiero se enfrenta a una época difícil que debe ser planteada como una oportunidad para tener menos bancos y mejores. Antes de iniciarse la integración de las cajas había 50 entidades, que a fecha de hoy se han reducido a la mitad, pero aun así siguen siendo demasiadas. Si se examina con detenimiento la actual situación de una banca española excesivamente sobredimensionada en entidades y aceptamos que en unos años solamente quedarán las cinco entidades más solventes, las perspectivas son realmente buenas.