El chabolismo vuelve a adueñarse del Charco de la Pava

Es una historia interminable, con tintes aún más dramáticos cuando llega la calima y una especie de «calma chicha» en la ciudad. Más de un centenar de chabolistas de diferente origen –rumanos, africanos, portugueses, españoles– se asientan entre la Isla de Tercia y el Charco de la Pava, junto a la ribera del río y en sus inmediaciones desde hace ya varios meses.

Los alrededores del río Guadalquivir a la altura del Charco de la Pava vuelven a ofrecer una imagen sucia y abandonada; los chabolistas aumentan a medida que pasa el verano
Los alrededores del río Guadalquivir a la altura del Charco de la Pava vuelven a ofrecer una imagen sucia y abandonada; los chabolistas aumentan a medida que pasa el verano

Actualmente, más de 20 chabolas cohabitan con las obras que se realizan en el enclave para el parque de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Se trata, como indicó el portavoz municipal, Francisco Pérez, en primer lugar, de un problema humanitario. A las altas temperaturas del erial, se suma el riesgo de que una lluvia torrencial –típica en verano– cause un mal aún mayor. Ante el temor al desalojo, según informaron fuentes municipales, y con una mezcla de picaresca y temeridad, parte de estos chabolistas se refugian –conscientes del conflicto de titularidad del enclave– bajo las vigas de los puentes de la zona, responsabilidad de Fomento. Otra parte del terreno es de titularidad municipal y otra es una zona de Dominio Público Marítimo Terrestre, dependiente de la Demarcación de Costas y de la Consejería de Medio Ambiente.

La segunda consecuencia guarda un cariz ecológico. Los chabolistas amontonan basura y chatarra junto al cauce del río. Muchos desperdicios caen al cauce, por su propio peso, al estar apilados en montañas.

Actuación infructuosa
La mayoría de las administraciones espera que al término de la obra del parque el asentamiento se diluya por sí solo. El Ayuntamiento, por su parte, según informó el portavoz, viene actuando desde hace semanas, en una de las ocasiones respondiendo a un aviso del Ayuntamiento de Camas. En primer lugar, se actúa con los servicios sociales. Después, con el servicio de limpieza, aunque, según la basura que sigue existiendo en la zona, no con todo el éxito necesario. Y, finalmente, está a la espera de una operación de desalojo, si fuera necesario. Por razones obvias, no se anuncia la intervención. Se pretende evitar un caso similar al del clan de Los Caracoleños, hace dos años, deambulando de una zona a otra de la capital.

Recientemente, fueron identificadas 150 personas en este mismo enclave, repartidas en 17 pequeños asentamientos entre la Isla de Tercia y el Charco de la Pava. La ciudad cuenta, a lo largo de los últimos años, con cuatro grandes grupos chabolistas. En total, unas 2.000 personas habitan en infraviviendas. Los grandes asentamientos se localizan en El Vacie –donde el Ayuntamiento ha llegado a acuerdos con los principales patriarcas para colaborar en la normalización del poblado–, con entre 1.000 –oficialmente– y 1.800 personas –oficiosamente–; Torreblanca, con unas 80 familias, esto es, alrededor de 400 personas; la avenida del Cerezo, con un centenar de personas habitualmente; y los bajos del puente de San Juan y los alrededores del Charco de la Pava.

En total, con picos y bajadas, y sin que las autoridades dejen de intervenir con frecuencia, una población similar, viviendo en la miseria, a la de municipios como Huévar o Carrión de los Céspedes.