Libros

OPINIÓN: Como de la familia

Me da la impresión de que todas las personas que hablen hoy sobre Manuel Alexandre serán de una unanimidad absoluta. Todos lo conocíamos, en lo personal y en lo profesional, como Manolito. Es muy difícil encontrar a una persona de esta ternura. Él era imprescindible en el cine. Ha hecho todos los géneros y todos los papeles, aunque fue al final de su trayectoria cuando le llegaron los más grandes. Es el hombre que tenía que estar. Hay trayectorias que se entienden a través de un papel, un Hamlet, un Alcalde de Zalamea. En su caso es todo su trabajo, su humildad y también su serenidad. Pertenecía a una generación de actores, como José Luis y Fernando, que tenían una relación más próxima con el público, más familiar. Han sido una correa de transmisión de lo que sucedía en el país. De Manuel, sobre todo, era admirable su vocación y su sencillez. La naturalidad y la tranquilidad, y su impresionante ternura. Tenía la adecuación perfecta entre la vida, lo que le estaba dando y lo que estaba recibiendo de ella.