Georgia cambia el rumbo y regresa a la órbita rusa

Tras su victoria, Ivanishvili exige la dimisión del presidente

Saakashvili reconoce la victoria opositora en las legislativas de Georgia

El futuro de Georgia apunta ya a Rusia, país con el que presumiblemente se reinstaurarán las relaciones rotas tras la guerra de 2008. El presidente, Mijail Saakashvili, reconoció ayer la derrota de su partido en las legislativas, a manos de la gran sorpresa electoral: la coalición Sueño Georgiano del magnate Bidzin Ivanishvili, que prometió relajar las tensiones con Moscú.
Los analistas consideraron la aceptación por parte de Saakashvili de que su partido, Movimiento Nacional Unido, pasará a ser la oposición, una señal de que, por primera vez desde 1991, se producirá una alternancia de poderes pacífica entre partidos rivales. En un mensaje televisivo, el presidente quiso, no obstante, marcar sus diferencias con su adversario: «Los puntos de vista de esta coalición eran y todavía son inaceptables para mí. Existen unas profundas diferencias entre nosostros y creemos que sus criterios son extremadamente erróneos, pero la democracia funciona de una forma en la que los georgianos toman decisiones por mayoría. Eso es lo que, por supuesto, respetamos mucho».

 Sin embargo, el multimillonario Ivanishvili pidió directamente su cabeza y amenazó con «no pocos problemas» si no dimite. «Ha cometido muchos errores y, si presenta su dimisión, convoca elecciones extraordinarias y, de acuerdo con la nueva Constitución, se elige al próximo primer ministro, todo irá bien», advirtió. Saakashvili, aliado de Estados Unidos en la región, recordó que el logro de la Revolución Rosa desde 2003 había significado «uno de los periodos más importantes de la historia multisecular de Georgia, pues se convirtió en un país clave para el mundo».

Ivanishvili criticó sus aires de grandeza y lanzó un mensaje a la comunidad internacional: «Por supuesto, queremos tener socios estratégicos, entre ellos EE UU, pero la política de buena vecindad es nuestra prioridad». Cuando ni siquiera se había escrutado el 50% de los votos, desde Moscú se sucedieron las primeras reacciones. «El pueblo georgiano quiere cambios», admitió el primer ministro, Dimitri Medvedev. Para el vicepresidente de la Duma, Nikolai Levichev, ya se pueden empezar de cero las relaciones bilaterales.