El narrador

La Razón
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Hay un ser humano que vive pensando en el partido siguiente, en los equipos, en los futbolistas y entrenadores que lo integran, en los ambientes de las aficiones, en la pasión de un país. He pasado algunos años de mi vida de avión en avión, de cabina en cabina, de carretera en carretera, siempre con los mejores técnicos de sonido a mi lado. Me hice siamés de mis técnicos y, así, transmitimos al unísono, ellos con el sonido, yo con la voz, los conocimientos y, especialmente, mi ritmo.De aquella mágica experiencia nacieron narraciones antológicas. Hasta que, un buen día, dejé la radio o la radio me dejó a mí, y se hizo el silencio. Hoy, corremos el riesgo de que el fútbol se quede sin radio y la radio sin fútbol, pero ambas partes se necesitan. Deben convivir, en paz y armonía, sin destruir el hechizo de millones de oyentes sumergidos en sus voces favoritas, gentes que no pueden asistir a los partidos, que encuentran vedada la pasión del fútbol sin una radio. Oyentes y narradores como siameses hertzianos, respetando el derecho del organizador.Las personas inteligentes se diferencian de las absurdas en que, donde hay un problema, el inteligente pone una solución y el absurdo añade otro problema. No es bueno que se haga el silencio, que es obra de absurdos. O se ponen de acuerdo o perderán todos porque, al final, esto lo decidirá un grupo de jueces a los que el fútbol y la radio les importa un comino.El narrador es una fábrica de sueños. Hay espectadores que necesitan soñar, sobre todo, en un país donde la vida es una pesadilla.gaspar.rosety@hotmail.com