Bono desmantela el Congreso

El director de «Esta casa es una ruina» bien podría rodar la segunda entrega en el Congreso de los Diputados, donde ayer comenzaron los trabajos de la enésima obra que afronta el Palacio de San Jerónimo. Nadie sabe –mejor, nadie contesta– el importe que suman las innumerables reformas que en sólo esta legislatura se han acometido en el Parlamento.

Alfombras enrolladas, lámparas descolgadas, cajas en los pasillos, escaleras de obra por las paredes...
Alfombras enrolladas, lámparas descolgadas, cajas en los pasillos, escaleras de obra por las paredes...

Cuando no es el edificio principal, son las ampliaciones; cuando no es una escalera, son los ascensores y cuando no el misterioso sótano, galería de un antiguo convento, que sigue cerrado a cal y canto desde hace años, después de que durante la presidencia de Manuel Marín se hallaran restos humanos durante una obra y los informadores nos enteráramos cuando vimos entrar en el patio una noche a un furgón de la Policía Científica.

 En el Parlamento todo es secreto, nada es público y sólo los miembros de la Mesa conocen si acaso –y no siempre– los detalles y los presupuestos. Hubo incluso una ocasión en la que la presidenta de la Mesa de Contratación, la popular Ana Pastor, se enteró del comienzo de unos trabajos de reforma cuando se produjo el desprendimiento de un ladrillo que a punto estuvo de abrir la cabeza al ya ex diputado Juan Barranco. No estaba siquiera formalizado el contrato de adjudicación de la obra y los albañiles ya habían desmantelado el recinto del hall principal de la tercera ampliación para desmontar una ostentosa escalera de mármol recién inaugurada. Se pidieron explicaciones que nadie dio y se echó tierra sobre lo ocurrido.

No hay institución pública en esta España tan particular menos transparente que la Cámara Baja en cuanto a las decisiones sobre su personal, las obras de reforma e incluso la organización del trabajo. Baste un ejemplo: hace unos meses se abrió un expediente disciplinario a dos funcionarios –uno de ellos del cuerpo de letrados– que mantenían un despacho abierto en las inmediaciones del Congreso desde el que habían hecho durante más de 20 años suculentos negocios. ¿Ha trascendido? Tan sólo la versión que circula por el boca o boca entre los funcionarios y que especula sobre la sanción impuesta.

Pero, volvamos a las obras. Los diputados acabaron el jueves por la mañana el último Pleno del curso político, y por la tarde los operarios ya habían metido en cajas los objetos personales y parte de la decoración del mismísimo despacho y antedespacho del presidente de la Cámara. A nadie consta que Bono tenga información privilegiada sobre la fecha en que Zapatero piensa disolver las Cortes, pero si la tiene no es el motivo por el que ha desmantelado el Palacio, sino porque se van a adecentar y redecorar sus dependencias, incluidas las telas de las paredes.
Versión de una persona del gabinete del presidente: «Hay unas grietas en el techo y los servicios de mantenimiento nos han informado de que deben repararse». Las grietas, al parecer, incluyen 21 actuaciones. Hasta aquí la información que se ha podido obtener de la Presidencia. Luego, algunos operarios que trabajaban ayer en la Cámara, contaban que tenían además como cometido remodelar los polémicos cubículos en los que la vicepresidenta primera, Teresa Cunillera, decidió instalar a los gráficos dentro del Pleno con la anuencia de los servicios de comunicación del Congreso.

Tan sólo hacía seis meses que se había levantado semejante mamotreto en el interior del salón de plenos, con gran malestar de los medios de comunicación, y hoy ya hay que rediseñarlo. Despacho, salón de plenos… y el bar exclusivo para diputados, que también va a ser en estos días remozado, su segunda reforma en seis meses. Hay más: la galería de retratros de la primera planta ha desaparecido, ya que la escalera de acceso será reformada, igual que las vidrieras del palacio. La carpintería exterior será sustituida por otra más moderna.

En fin, un suma y sigue de trabajos de reparación y modernización de los que algunos miembros de la Mesa decían ayer no tener constancia alguna. Este periódico preguntó en Presidencia, que remitió a la responsable de la Mesa de Contratación para cualquier explicación, y ésta al encontrarse fuera de Madrid dijo no tener acceso a los datos, pero que se trataba de obras «necesarias» y «autorizadas todas» por el procedimiento habitual.

Se da la circunstancia de que los únicos contratos de adjudicación ya formalizados que constan en la web de la Cámara son el de la restauración de las escaleras del Palacio (60.210 euros más IVA), el mantenimiento de vidrieras (7.300 euros más IVA) y el de la colección de relojes (46.000 euros más IVA). Pendiente de adjudicación está el contrato de instalación de la carpintería exterior de la ampliación I por 177.000 euros. Una inmensa grúa amaneció ayer, sin embargo, en el patio del Congreso con el objeto de desmantelar la carpintería exterior. ¿Sorpresa? No, lo habitual. ¿Explicaciones? «La web estará sin actualizar», dijo Ana Pastor, que no supo concretar tampoco el importe de todos los trabajos. Todo muy oportuno en estos tiempos de obligada austeridad.



El parking de los 14 millones
El 1 de septiembre saltará la polémica. Es la fecha en la que el Congreso dejará de abonar a funcionarios, policías y personal acreditado el coste del aparcamiento público de la Plaza de las Cortes. A la vuelta de las vacaciones entrará en servicio el parking subterráneo que ha costado 14 millones de euros, 56.000 cada una de las 250 plazas. La Secretaría General informa que aparcará el que antes llegue hasta que se complete. El resto, a indignarse.