El insulto del paro

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No habían pasado veinticuatro horas desde que el Parlamento andaluz había reprobado –¡dos veces!– al candidato de CiU Durán i Lleida por sus declaraciones sobre el PER cuando nuestra autonomía volvía a ser noticia nacional por encabezar en términos estáticos y dinámicos la cifras del paro.
En efecto, desde hace más de un año, el mercado laboral andaluz ha seguido deteriorándose más que el del conjunto del país en una espiral depresiva y también incomprensible dado que en los últimos seis meses de primavera y verano la estacionalidad debería haber ayudado a la actividad económica. Quién sabe, tal vez estemos ante «la paradoja del éxito del crecimiento andaluz» como, de manera tan inoportuna como surrealista, proclamó el viernes en una conferencia el secretario general de Economía de la Junta, Gaspar Llanes.
Aunque quizás la pregunta sea otra: ¿debemos sentirnos insultados si alguien dice que por culpa del paro andaluz se pone en riesgo la recuperación de la economía española? Y, ¿deberíamos reprobar a quien considere inaceptable que 31 años después de autogobierno tengamos, precisamente, el 31 por ciento de paro?
Pues bien, ni lo uno ni lo otro. La gravedad de la actual situación lo que exige es huir de la demagogia y la sobreactuación y acercarse a un análisis crítico y a la vez ponderado.
No vaya ser que ocurra como le ha pasado esta ultima semana a más de un político y de un periodista que ha puesto a caldo a la vicesecretaria general del PP, Ana Mato, por decir que la prensa ha recogido fotos de escolares andaluces sentados en el suelo y, pese a la inexactitud de la afirmación –la información gráfica no se correspondía con el texto–, sin embargo, la propia Junta ha decidido cesar al responsable del mobiliario en los colegios por un desastroso inicio de curso en este capítulo.
En resumen, más discernimiento por mucho que este tiempo electoral sólo invite a la susceptibilidad y el simplismo. Basta ver determinados vídeos de campaña.