Europa

Se atribuye el crimen a los «pretorianos» de Bengasi

El jefe militar de los rebeldes libios, Abdel Fatah Yunis, fue asesinado por miembros de la «Brigada de los Mártires del 17 de Febrero», una de las unidades milicianas más potentes, considerada la «guardia pretoriana» de la rebelión y completamente opuesta a cualquier negociación o acuerdo de cualquier tipo con el Gobierno de Trípoli.

Miembros del CNT libio, ayer en París, con el filósofo francés Bernard-Henri Levy.
Miembros del CNT libio, ayer en París, con el filósofo francés Bernard-Henri Levy.

Aunque reina la confusión sobre los detalles de lo ocurrido, un corresponsal de la agencia española Efe pudo hablar con el guardaespaldas del general Yunis, identificado como Abdalla Baio, quien confirmó que su jefe había sido trasladado al cuartel general de la Brigada para ser interrogado. Baio explicó que Yunis se encontraba en el frente de Brega, en el este del país, cuando se lo llevaron unos hombres del CNT: «Fue a la línea del frente para levantar la moral de los soldados, pero desapareció después de que un coche del CNT viniera a por él». Horas después del hallazgo del cadáver de Yunis, tiroteado y quemado como los de sus ayudantes, los coroneles Muhamad Jamis y Naser Marqum; la base de la Brigada se hallaba extrañamente vacía, como si hubiera sido evacuada intempestivamente.

Dentro del conglomerado de grupos e intereses diversos que conforman la rebelión libia, la «Brigada de los Mártires del 17 de Febrero» está financiada por la vieja oligarquía comercial de Bengasi, varios de cuyos miembros tenían lazos muy estrechos con las mafias del tráfico de inmigrantes subsaharianos hacia Europa. La Brigada llegó a tener más de 3.000 milicianos, aunque se desconoce su número actual. Al principio de la guerra estuvo involucrada en el asesinato de dos asesores franceses. Este tipo de unidades, como las dirigidas por antiguos militantes islamistas vinculados a Al Qaida, tratan de mantener su autonomía y rechazan la autoridad de un mando militar conjunto. El asesinato del general Yunis, acusado de «mantener contactos con Gadafi», pone de manifiesto que el Consejo Nacional de Transición, reconocido como interlocutor válido por Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y España, entre otros, tiene muchas dificultades para imponer su autoridad.