«Sartorius es una paciente diez»

El doctor Máximo Ravenna desmenuza para LA RAZÓN su exclusivo método de adelgazamiento

Es uno de esos hombres acostumbrados a recibir a diario cartas de agradecimiento sin límites firmadas por sus pacientes. Su especialidad es la psiquiatría, pero su desarrollado instinto le ha permitido combinarla con la nutrición para transformar la anatomía y las expectativas de vida de más de 50.000 personas.

En Argentina ostenta la categoría de celebridad. El mismísimo Diego Armando Maradona se deshace en elogios hacia él. Gracias a su método ha conseguido adelgazar y mantenerse en un peso relativamente saludable: «Conseguimos lo que no había sido capaz ni siquiera de conseguir un by-pass intragástrico».

 En España, su trayectoria es más reciente –la clínica Ravenna abrió a finales de 2008–, pero su nombre suena con fuerza. Parte de la culpa la tiene Isabel Sartorius, quien hace unos meses estrenaba una figura más estilizada desde las páginas de «¡Hola!», responsabilizando –y de manera desinteresada– al doctor Ravenna. «Esta tarde la conoceré. Es una paciente diez y nos encantó que reconociera en público estar siguiendo nuestro método».

Máximo Ravenna no se limita a hacer caja a través de las distintas clínicas y franquicias que hay en Europa y América. Los aeropuertos son su segunda vivienda y a la clínica de Madrid ya es la tercera vez que acude este año.

«Yonkis de la comida»
LA RAZÓN pudo comprobar la estrecha relación que mantiene con sus pacientes cuando, sin avisar, irrumpió en una de las salas de terapia de grupo. Los pacientes, encantados de encontrarse con su gurú, aprovecharon para comentarle sus avances con la báscula mientras el doctor repartía dosis de optimismo, trucos dietéticos y mensajes de ánimo. No ha perdido la capacidad de emocionarse con cada caso.

Y eso que todo comenzó hace 30 años, cuando el instinto y la curiosidad llevaron a este médico –licenciado en la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires– a «indagar sobre los mecanismos de la saciedad y el comportamiento ante la comida, fuera del circuito del sistema digestivo. Todo se construye en torno a la boca, que recibe y palataliza los sabores, el cerebro, que activa químicamente hormonas, como la serotonina o la dopamina, y el páncreas, que mantiene los niveles de insulina y cuya función es la de provocar el hambre». Fue el primero en tratar a sus pacientes como a «yonkis» de la comida, en hablar de ingredientes «camello» capaces de despertar la adicción y en reconocer que «hay alimentos que nos meten en un circuito de drogadicción semejante al que se produce cuando se consume cocaína u otro tipo de drogas». El tiempo le dio la razón, ya que recientes estudios, realizados a través de imágenes del cerebro de personas obesas, evidencian alteraciones similares a las de los drogodependientes en la producción –en exceso o déficit– en varios de los agentes químicos metabólicos y neuronales, que regulan el sistema de recompensa del cerebro. ¿Puede convertirse la comida en una droga al mismo nivel que el tabaco, el alcohol o la cocaína? El doctor no lo duda y en cuanto al alimento o ingrediente más adictivo, su respuesta es clara: «La harina, el azúcar, los hidratos de carbono refinados y la miel; cuanto más los tomas más hambre provocan y nos meten en un circuito del que cuesta salir».

Habrá quien piense que el método Ravenna, en el que no se paga por consulta, sino que se abona una especie de mensualidad, que engloba el control médico, la terapia psicológica, el entrenamiento personalizado y el plan dietético, es cuanto menos elitista, sin embargo el doctor afirma que «según se mire, porque se cubre todo. Nunca he dejado de tratar a un paciente que lo necesitara porque no tuviera dinero. Además, en Argentina formo equipos interdisciplinarios que puedan aplicar mis teorías en centros de la Sanidad Pública». También tuvo el detalle de trasladar sus conocimientos a libros que se han convertido en auténticos «bestsellers» de la dietética: «La telaraña adictiva. Quién se come a quién», «Aprende a comer: el método Ravenna» o el más reciente: «La medida que adelgaza. Del exceso tóxico a la porción saludable».

Terapias de grupo

Y, sorprendentemente, aborrece los enfoques psicológicos sobre la obesidad al considerarse más «un internista capaz de tratar el lado conductual, la bioquímica del cerebro, la genética del individuo, la química, el movimiento, la fisiología… El paciente necesita un enfoque interdisciplinario de su problema y yo estoy obligado a contestarle a sus cuestiones». ¿Lo más grato de su trabajo? «La labor diaria con la gente y las terapias de grupo». Cuando le preguntamos por el caso más emotivo de su carrera, no tarda en contestar: «El de un paciente, un buen amigo, que perdió 80 kilos hace once años y sigue en su peso. Tenía un problema de poliomelitis y ya camina sin necesidad de aparatos. Si hablamos de kilos, el de un paciente que adelgazó 205, un médico español que estaba al borde de la muerte». Para terminar le pedimos que se moje y piense algún caso «perdido» al que le gustaría ayudar a adelgazar. Después de titubear unos segundos, cita el nombre de Gabourey Sidibe, protagonista de la película «Precious».


Un método muy estricto
- Está basado en el concepto de corte inmediato con los excesos, en la medida –tanto en la porción alimentaria, como en el cuerpo y la ropa–, en la distancia entre comidas y en la detección de los vínculos adictivos con ciertos alimentos.
- Dietistas, psicólogos, preparadores físicos y médicos trabajan para afrontar la obesidad.
- Los controles médicos y análisis son exhaustivos.
- La dieta se adapta a cada paciente. Pasa por dos etapas: la de descenso (se pierde hasta un nueve por ciento de peso al mes) y la de mantenimiento, que se prolonga hasta que el paciente sea autosuficiente con sus comidas.
- El ejercicio físico es fundamental y el centro cuenta con entrenadores personales.
- El apoyo psicológico se realiza de manera individual y en grupo.