A la salvación por carreteras secundarias

Madrid- A José Ramón Sandoval se le hacía largo el viaje en autobús a Santander. «¿Por qué tardamos tanto?», preguntó al conductor. «Sigo la ruta que me han dado en el club. No me dan dinero para los peajes», fue la respuesta. «¡Haberlo dicho y habíamos puesto un fondo entre todos!», contestó el entrenador. El Rayo se había acostumbrado a ser el único equipo de Primera que viajaba siempre en autobús –excepto a las islas–, pero allí descubrió que ya no quedaba dinero ni para los peajes.

Así, viajando por carreteras secundarias, el Rayo ha encontrado el camino de la salvación. Tuvo que esperar hasta el último instante, lo previsto cuando comenzó la temporada, pero mucho más tarde de lo que anunciaban su juego y los primeros resultados del curso. Cada euro suma en Vallecas. El Rayo es uno más de los muchos clubes sometidos al concurso de acreedores. La administración concursal supervisa cada gasto. Desde los peajes al dinero de las entradas. Cuando el Rayo jugó en el Calderón ante el Atlético, los suplentes se encontraron con que no había un sitio para ellos en la grada. No podían acceder al estadio. Hasta que a alguien se le ocurrió que entraran en el autobús del equipo con los convocados. Una vez allí, el Atlético ya se encargaría de acomodarlos. Una solución mucho más barata para el club que pagar las entradas de sus futbolistas.

Por eso no es extraño que el día de Jueves Santo el entrenador recibiera una denuncia del club por una cantidad cobrada antes de que el Rayo entrara en concurso de acreedores. Una situación por la que también pasó Movilla, uno de los capitanes, y que después afectó a toda la plantilla del año pasado, a la que el club se niega a pagar la prima del ascenso.

No hay dinero para fichajes y el club tiene que recurrir a la imaginación para atraer a futbolistas como Michu. El asturiano quedaba libre, pero estaba desaparecido después de fallar el penalti que dejaba al Celta un año más en Segunda. «No te puedo ofrecer dinero, lo que te puedo ofrecer es que vas a crecer como jugador». «Vale, tío, te lo agradezco», le contestó Michu. Y firmó por el Rayo. Era una cuestión de fe, como casi todo lo que sucede en ese club.