El Pilar disputa el premio

Bilbao. Octava de las Corridas Generales. Se lidiaron toros de El Pilar, el 3º, como sobrero, desiguales de presentación y muy grandes en general. Gran toro el 1º; flojo y con calidad extrema, el 2º; noble y con buen aire, el 3º; bueno, el 4º; deslucido, el 5º y manejable, el 6º. Casi lleno. El Cid, de azul marino y oro, estocada, aviso (oreja); estocada (saludos). Sebastián Castella, de catafalco y oro, estocada buena, aviso (saludos); bajonazo infame, aviso, bajonazo infame (silencio). José María Manzanares, de pizarra y oro, casi entera, descabello (saludos); pinchazo, aviso, media, descabello (ovación).

El alicantino templa un derechazo, ayer, en Bilbao
El alicantino templa un derechazo, ayer, en Bilbao

«Guajiro» nació para ser un icono. Paradigma de la irreprochable entrega, de la bravura, de la eternidad de la embestida al servicio del toreo. La bondad le imperó en todo. Siempre. Y su fijeza, su dedicación al torero, marcó el rumbo. Rumbo al infinito podría haber ido El Cid con él. El toro de El Pilar puso el listón muy alto y apenas abríamos plaza, destapábamos el festejo. Recién comenzaba la lidia de un encierro que disputará premios con Núñez del Cuvillo y Alcurrucén.

Vaya feria de toros bravos. Y que luego vengan a contarnos que el toro no embiste. El primero, «Guajiro», fue toro de capricho, de fortuna, porque toda la movilidad estaba bañada de entrega y nobleza. No se puede pedir más. El Cid cortó un trofeo después de una buena estocada. Cerraba así el círculo de la faena, repleta de toreo ligado y templado por el diestro. El ajuste era ya otra cosa, como la rapidez de lo que acontecía. La línea que había encontrado por el derecho no tuvo continuidad por el zurdo, y el toro iba. Idéntica calidad. Igual manera. Brillante son. Hasta el final sin interrupción.

El cuarto era un «tío»: larguísimo, con mucha caja, kilos y tamaño, aunque en esto el sobrero tercero se llevó el premio. Una inmensidad se repartían en los 683 kilos. Pero estamos con el cuarto, que también fue toro importante, que también quería ir y fue. La labor de más a menos no entrará en el recuerdo.

Manzanares hizo estallar la plaza en ese tercero, sobrero, que se rebosaba de sí mismo. Y con sus casi 700 kilos se empleó, se desplazó aunque no durara mucho pero con un fondo extraordinario. Y ahí Manzanares dejó la mejor tanda de la tarde. Pitón derecho, empaque, torería y un toreo a cámara lenta y de exquisito temple. El remate con un cambio de mano revolucionó. Lo había ido metiendo poco a poco en la muleta justo después de que Curro Javier anduviera monumental con los palos. Se apagó e intentó revivir Manzanares con una estocada recibiendo, aunque tuvo menos eco que en otras tardes. Toro noble y con buen fondo fue el sexto. La faena de Manzanares en este caso fue de menos a más. Faena pausada, templada, vestida con el empaque y la torería que le son inherentes.

Sebastián Castella tuvo un segundo que era puro almíbar: con las fuerzas justas y una calidad extrema. Templó el francés en un trasteo ligado, limpio y más potente en los primeros compases, aunque no encontró la imaginación para hacer que la faena subiera en vez de apagarse. Se le pidió la oreja y se le negó. El quinto tenía también mucha caja y menos recorrido. No fue buen toro y la faena se extendió más allá de los límites de la paciencia.
Tres corridones de toros (Cuvillo, Alcurrucén y El Pilar) en las Corridas Generales. Cómo sería la feria si los hubieran cuajado.

Triunfal corrida de rejones en Almería
La Feria de la Virgen del Mar de la capital almeriense tuvo ayer un triunfal cierre con la salida a hombros de los tres rejoneadores. En Almería, toros de Herederos de Ángel Sánchez y Sánchez, desiguales de presentación y de buen juego en su conjunto, los mejores, 4º, 5º y 6º. Hermoso de Mendoza, ovación y dos orejas; Diego Ventura, oreja y dos orejas y Leonardo Hernández, ovación y dos orejas. Tres cuartos de entrada, informa Manuel Peñalver. En Alcalá de Henares (Madrid), astados de Manuel y Antonio Tornay, desiguales de presentación y de juego variado, Morante de la Puebla, silencio en ambos; El Juli, oreja en ambos; y Matías Tejela, dos orejas y oreja. Media entrada. Tras matar a su primero, Tejela pasó a la enfermería para ser atendido de un puntazo en su muslo izquierdo, que no le impide continuar la lidia.