Cine sórdido y sin sol

La Razón
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Y no me extraña. Apenas veo ya películas españolas. Me echaron los guionistas, directores, ambientadores, actores... No me sorprenden las cifras que ayer ofrecía LA RAZÓN. La pérdida millonaria de espectadores –6,7 millones– y de recaudación –34 por ciento– están más que justificadas. El cine, como la televisión, tiene mucho de diversión y entretenimiento. Y la sensación que el cine español me ha dejado es de una España gris, en la que siempre llueve, personajes tristes y retorcidos, los malos que son los buenos, los viciosos que son los pulcros, la izquierda inocente, la derecha criminal y mucha guerra civil tergiversada. En fin, todo tan sórdido e interesado como para echarse a correr. Con la que nos está cayendo, resulta obsceno que las subvenciones –89,3 millones de euros– hayan superado con creces a lo que los pesebreros han recaudado –69,7– millones. ¿Qué dirán quienes se desgañitan reivindicando ayudas para desarrollar sus genialidades? La excusa de que la inhibición del Gobierno impide la expresión de sus capacidades, me recuerda a aquellos cantantes, actores, escritores... que en la época de Franco culpaban al dictador de constreñir su talento, de impedir su carrera. Murió Franco y ninguno de ellos encontró el éxito.
Siguieron teniéndolo quienes ya habían demostrado sus aptitudes. Me vienen a la memoria algunos de aquellos triunfadores, antes y después del 75: Víctor Manuel, Serrat, Ana Belén, Fernán Gómez, López Vázquez, Alfredo Landa, Pepe Sancho, Vizcaíno Casas, Cela y demás. La política no les impidió lograr la gloria. Que pregunte el Gobierno a los españoles lo que quieren que haga con esos 89,3 millones de euros. No se atreverán. Así es la vida.