Moscú

Medvedev con Occidente

La Razón
La RazónLa Razón

Rusia es uno de los cinco países con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. En ese foro, en junio votó a favor de la resolución 1.929, que prohíbe la venta de cierto armamento pesado a Irán como parte de las sanciones impuestas a este país por las sospechas de que su programa nuclear oculta fines bélicos tras su fachada civil. Así pues, con ese antecedente, resulta lógico que el presidente Medvedev haya anulado la entrega de misiles S-300, cuya venta había pactado hace tres años con el Gobierno iraní. De lo contrario, hubiese utilizado su capacidad de veto para no aprobar la resolución. La determinación rusa agrada mucho a la Casa Blanca y a Israel y desagrada a Ahmadineyad, al que sólo le queda el derecho al pataleo y la posibilidad de exigir que le sean reembolsados los 800 millones de dólares, y nada más. Es decir no cabe indemnización porque no es Rusia quien se retracta, sino la ONU quien lo impide.
Pese a esta buena noticia, queda otro obstáculo por superar porque Moscú no quiere romper totalmente con Oriente y se compromete a vender otro tipo de armamento a Irán y entregar a Siria 800 misiles. Esto sí supone una amenaza para Israel, dado que los proyectiles Cruise pueden acabar en manos de Hizbulá, que los lanzará contra los judíos, pues tienen un alcance de 250 kilómetros y no son detectables por los radares.