Los policías se manifiestan como víctimas del régimen

La temida y, hasta ahora, todopoderosa Policía egipcia se sumó ayer a las manifestaciones populares pidiendo mejoras laborales, pero también exculpándose de la violencia y mostrando su apoyo a la revolución.

Un grupo de policías egipcios se manifiesta en las calles de la capital, El Cairo
Un grupo de policías egipcios se manifiesta en las calles de la capital, El Cairo

En los primeros días de la era post-Mubarak, todos y cada uno de los egipcios tienen su motivo para salir a la calle en un país donde hasta hace poco las manifestaciones estaban prohibidas por la Ley de Emergencia, en vigor durante los 29 años de mandato del dictador.

Incluso los encargados de aplicar y hacer respetar dicha ley, lo que hacían con una brutalidad proverbial, han decidido levantar la voz y distanciarse del régimen: centenares de agentes de Policía de los rangos más bajos marcharon ayer en El Cairo y se concentraron frente al Ministerio del Interior, a poca distancia de la plaza de Tahrir. Sus principales reivindicaciones son de tipo laboral: mejores salarios, horarios más humanos, seguro médico y, en definitiva, unas condiciones de vida dignas.

«Vengo todos los días de Alejandría al Cairo: tengo que pagarme el transporte y salir de mi casa a las 5 de la mañana», se quejaba a LA RAZÓN uno de los agentes que acudió a manifestarse con su uniforme, viejo y lavado ya demasiadas veces, como el de la mayor parte de los policías símbolo del Egipto de Mubarak, estado policíaco por excelencia. Turnos de 12 horas, bajo el sol abrasador, en el tráfico asfixiante o en medio del desierto, por poco más de 40 euros al mes: «Cobro 300 libras, tengo cuatro hijos y no poseo una casa en propiedad. ¿Cómo pretenden que viva?», se preguntaba un manifestante.

Pero sus reivindicaciones van más allá: los policías también quieren limpiar su nombre después de que se les acusara de la violenta represión en los primeros días de las protestas, convocadas, precisamente, por el grupo de la red social Facebook «Todos somos Jaled Said», un joven brutalmente asesinado por la Policía en Alejandría el pasado verano.

«Nosotros también estamos con el pueblo, son nuestros hermanos e hijos y algunos de los nuestros también murieron en los enfrentamientos», aseguraban a este periódico varios agentes de Policía encolerizados. Los manifestantes quisieron dejar clara la diferencia entre ellos, los mandados, y los que mandan: los altos oficiales y, sobre todo, el ex Ministro del Interior, Habib al Adly, que ya está siendo perseguido por la Justicia.

El Ejército, que es ahora el encargado de mantener la seguridad en las calles desde que la Policía se retirara incapaz de controlar el caos el pasado 28 de enero, intentó evitar la protesta de los agentes disparando al aire y se registraron algunos enfrentamientos entre los dos cuerpos de seguridad, uno de ellos erigido en salvador del pueblo y el otro que trata de cambiar su reputación de verdugo. Pero no llegó la sangre al río.