Dos ejecutivas un solo liderazgo por José Clemente

La Razón
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El presidente del PP Ramón Luis Valcárcel nos tiene acostumbrados siempre a romper con las expectativas que sobre su figura se establecen dentro y fuera del partido, incluso, dentro y fuera del Gobierno que dirige, bien sea en unas elecciones locales y autonómicas o en unas generales. El sábado, para mantener viva esa tradición, logró alzarse con el apoyo del 98,14 por ciento del voto de los 1.320 compromisarios asistentes al XV congreso regional del PP, una cifra jamás lograda en ningún otro lugar y, mucho menos en Murcia, donde el principal partido de la oposición, liderado por González Tovar, apenas lograba cinco votos de diferencia sobre su principal oponente, Roberto García. Una mala copia de Sevilla, donde la distancia entre Rubalcaba y Chacón apenas superó los 22 votos de ventaja del cántabro sobre la catalana. Vistas así la cosas uno puede entender la extrema rapidez con que se ha llevado a cabo el congreso de los populares murcianos, celeridad que daba la sensación de que fuera un congreso de puro trámite, aunque en realidad no lo fue. El tiempo nos confirmará en breve las razones de tanta prisa, pero, para ir abriendo boca a los que gustan de especular con estas cosas cualquier análisis debería pasar por tener en cuenta que no se realiza una reunión de ese calibre, con gentes tan diversas, para ir de mera comparsa un ratito del sábado por la mañana. Se hizo breve porque hay cosas mucho más serias y urgentes que abordar en estos momentos y, sobre todo, porque el partido está tan graníticamente unido que no precisa de paripés para resolver sus asuntos internos a la velocidad de la luz. Más importante que analizar si ha sido un congreso supersónico o express es el contenido del mismo, y aquí es donde se sustancia la materia orgánica e inorgánica, entendiendo la primera como la vida propia del PP y, la segunda, lo que hay extramuros de esa fortaleza. En materia orgánica el PP y, muy especialmente, Ramón Luis Valcárcel, lo que ha hecho es fortalecer la cúpula dirigente para los tiempos que vivimos y los que nos llegan a medio y largo plazo, con una crisis abierta en canal que exige de la adopción de decisiones con extrema rapidez y en bloque. De ahí que se haya ampliado en 13 nuevos miembros la ejecutiva del PP, que les permita colocar gente en áreas para mantener abiertos los flujos de comunicación social en todo momento, pero con unos mecanismos de mando nítidos y capaces. Ha hecho, por resumirlo brevemente, dos ejecutivas, una muy operativa (Cámara, Bernabé, Sánchez, González y Meroño), y otra ejecutiva de partido en su conjunto, más volcada en las áreas y, por tanto más pesada y lastrada, es decir, más lenta. Luego están los vocales natos con responsabilidades de partido en circunscripciones y áreas y con un peso añadido por sus distintas responsabilidades, y unas vocalías de libre designación con gentes de altísima responsabilidad interna y externa, como es el caso de los diputados nacionales y senadores, donde evita las duplicidades o incompatibilidades que exige Rajoy al quedar dentro pero a la vez fuera del aparato del partido. Una labor de ingeniería política en la que ha trabajado directamente el delegado del Gobierno, Joaquín Bascuñana, que conoce esos vericuetos como nadie en Murcia. Hay otros cargos y otros nombres que históricamente han formado parte de las ejecutivas en otros tiempos y que ahora se caen, porque más que calcar unas vicesecretarías que respondan al modelo socialista, lo que busca Valcárcel es un partido espartano dispuesto a luchar y a plantar cara a los problemas allá donde surjan.
No son sus "300", pero son los que más lo parecen.