Los filipinos se entregan nuevamente a los brazos de la leyenda «Aquino»

Los primeros resultados del escrutinio dan la victoria al heredero del clan 

La violencia y los fallos técnicos marcan la jornada electoral en Filipinas
La violencia y los fallos técnicos marcan la jornada electoral en Filipinas

A mediados del siglo pasado, Filipinas presumía de ser el país más próspero, moderno y democrático del Sudeste Asiático. Hoy, el 44 por ciento de la población sobrevive con menos de un dólar al día mientras las élites se refugian en exuberantes barrios amurallados, protegidos detrás de barricadas y guardias con metralletas. Expresando su voluntad en las urnas, los filipinos han probado de todo a lo largo de estos 50 años para cambiar su suerte: se han dejado seducir por proyectos liberales, por caciques populistas y por legatos nacionalistas. Han votado en masa a políticos aparentemente serios, a hombres de negocios, a galanes televisivos, a amas de casa, e incluso a movimientos autoritarios. Todo ello sin percibir grandes diferencias en sus vidas. Uno de los pocos mitos que ha sobrevivido a tantas decepciones es el de la familia Aquino. Sólo así se explica la arrolladora victoriacosechada ayer en las elecciones presidenciales por el hijo del matrimonio que protagonizó la revuelta contra el régimen de Ferdinand e Imelda Marcos en los años 80. Al cierre de esta edición todos los sondeos a pie de urna pronosticaban una victoria aplastante de «Noynoy» Aquino, hombre de escaso carisma, sin grandes apoyos y con una oratoria plana. Su principal activo es un pedigrí familiar que le acredita fama de honesto, una cualidad completamente excepcional en un país que ha sufrido, según Transparencia Internacional, dos de los diez gobiernos más corruptos de toda la historia moderna. Como ya hicieran sus padres, Noynoy ha prometido ocuparse de los dos principales problemas de los filipinos, desempolvando un viejo axioma: «Sin corrupción no hay pobreza». Sus opositores, y un puñado de analistas objetivos, aseguran que en su programa no hay ideas concretas para conseguir lo prometido. Lo cierto es que al paso de su madre por el Palacio de Malacanang se le suele hacer una acusación parecida. Se dice que el gabinete de Corazón «Cory» Aquino (1986-1992) tuvo buenas intenciones pero pocas ideas. El político de raza, insisten muchos, fue el padre, Benigno «Ninoy» Aquino, que no tuvo posibilidad de demostrar sus dotes, ya que cayó asesinado (supuestamente por seguidores de Marcos) en 1983, nada más pisar suelo filipino tras un largo exilio.Los rivales de «Noynoy», sobrenombre utilizado para distinguirlo de su padre, no han tenido demasiadas oportunidades ante el tirón popular del «mito Aquino». El segundo candidato más votado ha sido Joseph Estrada, un anciano galán de cine que ya ganó unas elecciones en 1998 pero fue sacado de palacio durante una protesta popular provocada por sus excesos y corruptelas. Al tercero en discordia, Manny Villar, los sondeos le daban opciones al arranque de la campaña, pero sucandidatura quedó enturbiada por nuevos escándalos y por el hecho de que, a ojos de muchos, se trata del candidato en la sombra de la presidente saliente, Gloria Macapagal Arroyo. La «filipina de hierro» cierra sus nueve años de mandato con los peores índices de popularidad de la democracia, a pesar de que ha cosechado buenos números macroeconómicos y ha mejorado las condiciones de seguridad en casi todo el país.Según congresistas independientes y analistas consultados por LA RAZÓN, el principal reto para el nuevo Gobierno filipino es devolverle a la gente la confianza en la política y en las posibilidades de levantar una sociedad de derecho. Si de eso se trataba, el comienzo no podría haber sido más desafortunado, en medio a un tremendo caos provocado por un nuevo sistema de votación electrónica y que no funcionó en muchos colegios. Se trata de un incidente que acrecentará la percepción de que «todos los políticos son unos ladrones», frase que los filipinos elevan a la categoría de certeza universal día tras día.

«Noynoy» Aquino. El heredero del mito democráticoPrimero su padre, después su madre y finalmente él. Benigno «Noynoy» es el tercer miembro de la familia Aquino que aspira al sillón presidencial. A pesar de su escaso carisma, su pedigrí es suficiente para avalar una imagen de honestidad.Manny Vilar. El magnate hecho a sí mismoPresentado por sus rapsodas como un niño pobre que se hizo millonario trabajando duro, Manny Villar es un magnate de la construcción que ha pagado una maquinaria propagandística para amplificar su discurso nacional-populista. Joseph Estrada. Un Reagan a la filipinaGalán de películas de bajo presupuesto, se convirtió en el presidente más votado de Filipinas en 1998, pero su popularidad se diluyó en unatormenta de acusaciones por corrupción y desgobierno. A sus 73 años, busca la reelección.

 

Un archipiélago de 7.107 islas-El antiguo territorio español (S. XVI-1898) del Sudeste Asiático cuenta con una superficie de 300.000 kilómetros cuadrados.- Tiene una población de 97,9 millones. El 80% se declara católico, la segunda religión es el islam con un 5%.- En 2009 creció un 0,9% pero la pobreza persiste.

 

Un proceso electoral con «tan sólo» 34 muertosSiete personas murieron ayer víctimas de las luchas entre clanes políticos, que tradicionalmente tiñen de sangre las elecciones filipinas. Desde inicios de año se han contado 34 cadáveres. Por grotesco que suene, se trata de una cifra esperanzadora en comparación con los 127 cuerpos acribillados en 2007, o los cerca de 200 que cayeron en 2004. El ejercicio democráticofilipino es uno de los más violentos del planeta. A los abusos de los poderosos y las luchas entre familias políticas hay que añadir elterrorismo islamista del Frente Moro o Abu Sayaf. También sigue en plena forma el Nuevo Ejército del Pueblo (NEP), una guerrilla maoísta. Finalmente, las propias Fuerzas Armadas aportan su ración de violencia política.