Una temporada en el purgatorio

Antonio Lucas
Antonio Lucas

«Porque mi generación no existe, nada hay más terrible que un clamor de multitudes», se dice en el emotivo homenaje a Lautréamont, casi un manifiesto poético hacia el ecuador del libro. Antes y después, en una combinación de versos que cambian de registro frente a poemas en prosa que refuerzan su ritmo interno, nos habla una voz despierta y desengañada que puja por hallar una gota de luz en la penumbra. Los versos de Robert Lowell, «¿Y si la luz que vemos al final del túnel / son los faros del tren que se nos viene encima?», podrían ilustrar el itinerario de esta voz: la de alguien solísimo y arrumbado, aherrojado en un universo sin trama, sin dioses, sin héroe y sin asunto. Los mundos contrarios a los que alude el título de este cuarto libro de poemas de Antonio Lucas (Madrid, 1975) –con el que obtuvo el Premio Internacional Ciudad de Melilla–, no admiten entre sí dialéctica posible. Son como el día y la noche los unos respecto a los otros, apenas hilvanados por cada nuevo instante, a la vez fundante y muriente en su fulgor. «Qué importaba entonces el orden, las promesas, tu futuro, si todo era fragancia de un naufragio, exceso de presente, vendimia de ficciones (...). Nunca se aprende a vivir». Se trata de mundos contrariados que no admiten redención. Tan sólo en el plano expresivo, el título da cuenta de la pluralidad de registros del autor. Los quiebros surreales y simbólicos contribuyen a ensanchar el cauce de la reflexión con asertos morales sobre la imposibilidad de una moralidad que no sea subjetiva. No hay asideros para quien reconoce que «sólo quiero apurar mi edad», y que, de esa edad, ha hecho aposta «un ábaco de olvidos». Total ausencia de coordenadas, si «el tiempo es un museo de cenizas» y el espacio, «(un mapa odiado) de símbolos marchitos y tristeza portátil». Según insinúa algún verso, sí es posible cierta redención a través de la escritura. En los homenajes a Pound, Lorca o Vallejo, Lucas concluye sus plegarias de forma sombría. Entonces, en ese solar derruido en que queda el poemario, se mantienen dos columnas equidistantes en el libro: los poemas «Dos cuerpos, dijimos, que se aman» y «Habitación para dos», en que se lee: «Que nada exista más allá del húmedo relámpago / de un ser acariciado y su plegaria. / Enséñale a la muerte el salvaje canto / de un sexo hecho de ciencias inestables».

Título: «Los mundos contrarios». Autor: Antonio Lucas. Editorial: Visor. 10 euros