«Si un desertor de las FARC dice que le entrenó ETA es que está comprobado»

«Si un desertor de las FARC dice que le entrenó ETA es que está comprobado»
«Si un desertor de las FARC dice que le entrenó ETA es que está comprobado»

MADRID- No duda ni un instante. Incluso esboza una sonrisa al responder a quienes dudan de la veracidad de las pruebas que, desde Bogotá, llegan de la alianza entre ETA y las FARC. «Somos un país responsable y tenemos suficiente capacidad para verificar si una información de inteligencia es o no válida», afirma. Lleva apenas un mes en el cargo, aunque conoce bien el traje que se enfunda tras pasar tres años y medio como mano derecha de su antecesor. Se declara «felizmente soltero» a sus 34 años e ilusionado ante una «tarea histórica»: dar una salida a quienes dejan las armas.


–¿Tienen más beneficios los desertores que dan información? 
–Sí. Hay un programa de bonificaciones económicas si se facilita información de Inteligencia.


–¿Cabe la posibilidad de que un desertor «invente» información sensible para cobrar? Estoy pensando en el desmovilizado alias «Patxo», quien ha declarado a la Policía española que recibió entrenamiento en explosivos de etarras en Venezuela.
–En el caso de este testimonio no hay bonificación. Colombia es un país serio, no estamos inventando. Si damos credibilidad a una declaración como esa, que usan servicios de inteligencia de España, de EE UU, es que lo hemos comprobado antes. Es el mismo proceso que los datos desencriptados de los ordenadores de Raúl Reyes y otros miembros de las FARC. Es imposible inventar nada porque se cruzan datos con otros servicios de inteligencia. 


–¿Cuál es su mayor reto: conseguir más desmovilizados o evitar que los desertores reincidan?
–El proceso tiene siete años y ha dado muchos beneficios. Si fracasamos puede haber violencia en Colombia por mucho tiempo. Tenemos una tasa de reincidencia de entre el 6 y el 9%. Es muy baja. Todos reinciden en la delincuencia común, ninguno vuelve a las guerrillas porque para las FARC y el ELN son desertores y van a por ellos. Se convierten en objetivo.


–¿De cuántos reincidentes estamos hablando en cifras?

–Estimamos que 400 desmovilizados han vuelto a las armas de un total de 52.000 personas que han dejado los grupos armados. Estos reincidentes se unen a grupos de narcotraficantes que son aliados de las FARC o el ELN en actos criminales lucrativos.


–¿Hay más deserciones tras los últimos golpes a las FARC?

–Hay siete desmovilizados al día. Pierden más efectivos con las deserciones que por bajas o capturas. Eso indica lo alejada que está la cúpula de las FARC de su tropa. Al principio del proceso teníamos más arrepentidos al día. La explicación es que la guerrilla está más recluida en la selva y que nos estamos acercando cada vez más al núcleo duro de las FARC. A esos guerrilleros les es aún más complicado abandonar. 


–¿Y cómo se plantean que ese núcleo duro deje las armas?
–Tenemos informaciones que nos han dado los últimos desertores de que hay un gran número de guerrilleros que quieren salir en bloque después de los últimos golpes militares.


–¿Les cuesta más dejar las armas a quienes han entregado toda su vida a la guerrilla?

–Lo que hemos detectado es que últimamente se están desmovilizando personas que llevan hasta 20 o 25 años en la guerrilla. Al principio, los que dejaban las armas llevaban uno o dos años. Ahora desertan mandos medios que llevan toda la vida en armas.


–¿Durante cuánto tiempo tienen cobertura del Estado colombiano estos ex guerrilleros?
–El proceso de verificación para determinar si se trata de un guerrillero dura entre uno o dos meses. Una vez certificado que pertenecía a la guerrilla, se les facilita atención académica y laboral individualizada. No hay un límite de tiempo, pero el promedio para reintegrar una persona es de entre cuatro y seis años.


–¿Cuánto le cuesta esto al Estado colombiano?
–Unos 3.000 dólares por persona al año. Pero hay que preguntarse cuánto nos cuesta combatir a ese guerrillero o tratar de liberar a un secuestrado.