Gustavo Ron: «La muerte es todavía un tabú»

En «Vivir para siempre» analiza, con ternura y humor, el drama del cáncer en un niño

Gustavo Ron: «La muerte es todavía un tabú»
Gustavo Ron: «La muerte es todavía un tabú»

Sam es un niño casi como los demás: tiene 12 años, le gusta divertirse y es curioso. También sabe que nunca hará todas las cosas que hacen los adolescentes. Tiene leucemia. Junto con su amigo Felix, reciben clases a domicilio, y su profesora los invita a escribir un diario. Con un humor a prueba de lágrimas, las reflexiones, trufadas de fantasías, preguntas sin respuesta y duras certezas soltadas con la naturalidad que sólo un niño puede asumir sobre su enfermedad, dan una lección a su familia y al espectador. Es ficción, claro, pero «Vivir para siempre», segundo largo de Gustavo Ron («Mia Sara»), con reparto anglosajón encabezado por Robbie Kay y con Ben Chaplin y Emilia Fox como sus padres, parece real y doloroso. También entrañable y divertido a ratos, mérito en parte del «best-seller» que adapta, «Esto no es justo», de Sally Nichols.

–Es una historia difícil. Imagino que tendría bastantes dudas antes de meterse en el proyecto.
–Sí, tuve muchas. Cuando leí el libro, me conmovió, me pareció muy especial, diferente. Contacté con una asociación de niños con cáncer en Madrid, Asion. Les regalé un montón de ejemplares, y ellos fueron los que me resolvieron la duda. Si me hubieran dicho que no, no la habría rodado, pero me contestaron: «Sí, por favor, haz la película».

–¿Los niños enfermos que ha conocido son como Sam?
–De alguna manera sí, aunque no en todo. Sam es muy inglés para algunas cosas. Pero ellos se veían muy reflejados, lo cual quiere decir que es un tema universal.

–Hay que tenerle respeto a la muerte. Pero quizá en nuestra sociedad le tenemos demasiado: se ha convertido en un tabú, no gusta hablar, acercarse a ella...
–Sí, y las «preguntas a las que nadie contesta» que va realizando Sam a lo largo de la película van de eso. Son temas muy profundos en boca de un niño de 12 años. Y no tienen respuesta, cada uno la busca.

–Es un libro difícil de adaptar: está escrito en formato diario, con muchas ilustraciones. Aunque por otro lado, y visto el resultado, ¿prometía mucho juego cinematográfico?
–Sí, lo único que había que encontrar era la visión que se le quería dar. También es un libro breve, lo cual facilita mucho poder sacarle jugo.

–¿Por qué mantuvo la historia en Londres y con un reparto inglés?
–Cuando un libro funciona, te vueves muy respetuoso con cualquier cambio importante. La relación entre los personajes, tanto la familia, como los amigos o la chica, estaba bien. He hecho muy pocos cambios respecto al libro. Alargué un poco la historia de amor porque me parecía más cinematográfica, el resto está tal cual. Me daba miedo que, si traía esa historia a España, se fuera a quedar en tierra de nadie, ya que es muy británica: la gente habla poco y se mira mucho, y los latinos exteriorizamos más las cosas. Me gustaba esa relación: gente que lo está pasando mal pero que no dice nada y que después, poco a poco, va aprendiendo a vivir.

–¿Cuántas veces durante el rodaje o los preparativos se dijo: «Cuidado, lágrima fácil»?
–Es curioso las cosas que hacen llorar a cada uno. Es como la risa: nunca sabes si la gente se va a reír donde tú esperas en las películas. Quería buscar un equilibrio, no cargar la mano sobre el drama. Y creo que está conseguido: hay algún momento dramático, pero no el final. Esta película no va sobre la muerte, sino sobre cómo vivir, sobre las ganas de vivir y de cumplir tus sueños. Por eso sabes desde el minuto dos que el protagonista se va a morir, y a partir de ahí la película no va de eso.

–¿Qué ha aprendido sobre la leucemia?
–Mucho, como padre y como hijo. Lo más importante no es luchar con todas tus fuerzas contra la enfermedad, sino aprender a vivir mientras estés enfermo, o el resto de tu vida.

–¿Y se puede ser feliz sufriendo la enfermad?
–Es impresionante hablar con estos chavales, porque te dicen: «Es que nosotros somos niños. Tenemos una parte de nuestra vida que es muy dura, porque pertenece a los ancianos, que es que nos podemos morir. Pero nos gusta el el fútbol y jugar, Cristiano Ronaldo y Messi, ésas son nuestras conversaciones del día a día, no hablamos de goteros».


El detalle
UN REALIZADOR CON MENSAJE
Con este filme puede parecer difícil conquistar el mercado por la dureza de su punto de partida. «Si cuentas una historia bonita, un canto a la vida que intenta no dejarte el corazón roto, a la gente le gusta», cree el cineasta, cuya anterior cinta, «Mia Sara», abordaba la violencia de género. «Me interesa que las películas que hago digan algo, que no dejen indiferente».