Cronología de un «salto goyesco»

Jimmy Jump cuenta cómo burló la seguridad de la gala 

No disponía de entrada. Nadie le invitó y no se le esperaba. Pero el «saltador» Jimmy Jump consiguió burlar toda la seguridad de la 25 Edición de los Premios Goya, que contaba con la asistencia de cuatro ministros y numerosas personalidades. Éste es el cuaderno de bitácora de su «salto», en primera persona.

-09:00 h.: Entro en el Hotel Victoria de Gran Vía después de desayunar chocolate en San Ginés, tras una noche en el Buda Bar, intentando contactar con algún famoso para que me diera una entrada. Llevaba en Madrid desde las siete de la tarde del sábado.

-19:00 h.: He descansado suficiente y me relajo viendo la primera parte de la Final de Baloncesto. Me acicalo todo lo guapo que puedo y salgo camino del Teatro Real. Solo ante el peligro...

-19:35 h.: En un bar de la plaza de las Descalzas veo el final del partido. Recuerdo que estuve a punto de decidir saltar en esa cancha...

-20:15 h.: En las inmediaciones del Teatro, me cruzo con Santiago Segura. Lleva una cámara que le ha dejado la periodista Samanta Villar, para que haga grabación subjetiva de la gala, para su programa. Mientras le enseño la barretina, le pido que me cuele. Asegura que no puede pero se despide deseándome suerte: «Verás como lo consigues, Jimmy».

-21:00 h.: Llego a la plaza de Ópera. Sólo se puede entrar cuando hay máxima afluencia en las puertas de acceso.

-21:10 h.: Analizo los cuatro accesos al recinto y me mezclo con los manifestantes de «Anonymous». Elijo colarme por la puerta trasera, por donde también entraban invitados. Perdí una oportunidad, porque detecté un despiste en la seguridad. Pero no había llegado el momento.

-21:20 h.: Hago un amago por la puerta frontal, pero la alfombra convocaba a demasiados famosos y había un bloque compacto de seguridad. Imposible.

-21:35 h.: Decido que sea por el acceso del lateral, próximo a la plaza de Oriente. También había una alfombra, pero los que accedían eran «seguratas» y «secretas». Fingí que llevaba un pingajillo, salté la valla y crucé con parsimonia el umbral. Había despistado a siete policías como si fuera uno más de ellos.

-21:40 h.: Al fin, dentro. Veo a los famosos posando en un «photocall». Lo mejor era quitarme de en medio. Por eso subí a 7ª planta, llamada «El paraíso». Allí seguí el arranque de la gala, perjeñando cómo actuar. Nunca hay un plan fijo. Recordé que no llevaba encima ni mi Quijote ni un libro de Dalí, como suelo hacer. Son mis héroes.

-22:10 h.: Desciendo las siete plantas para inspeccionar.

-22:20 h.: Ya en la planta del escenario, veo una puerta. Tiene cables. No me sirve. Voy al baño a pensar, mientras barajo saltar desde un córner. Desde allí oigo el discurso Álex de la Iglesia. ¡Perdí otra oportunidad! Porque quería hacer acto reivindicativo contra la Ley Sinde.

-22:30 h.: Al salir del aseo, mi cabeza se dispara y se pone en función «alerta»: decido jugármela. Abro con decisión la puerta principal que da acceso a un pasillo que recorren los presentadores, y me camuflo entre ellos. Mucha gente, mucho rostro conocido... Y nadie pregunta nada.

-No sé qué hora era: Veo que salen al escenario Lola Dueñas, Pilar López de Ayala y Mercedes Sampietro, ¡ha llegado mi momento! Toqué el Goya antes que Bardem, no sin antes decir: «Llegar aquí ha sido muy difícil. Solamente lo puedo saber yo y los que saltamos. Este Goya se lo dedico a los saltadores de la vida». Mientras, le coloqué la barretina al busto.



«Buenafuente casi me pega»
«Llamadme friki o lo que queráis, pero mi vida es el salto», asegura este ex comercial en paro que vive centrado en encontrar cómo hacer del «jumping» una profesión. Le queda el agrio enfrentamiento con Buenafuente, detrás del escenario: «¿Has venido a destrozar la gala? ¡Eres un imbécil». «Si no le tranquiliza la Policía, me pega». «Aunque suelen hacerme pasar la noche en comisaría –refiere–, antes de terminar la gala me pidieron que siguiese en línea recta por Arenal y que me alejara de allí. Terminé la noche en Joy Eslava tomándome unos cacharros. ¿Había mejor modo de celebrar mi 36 cumpleaños? Ese salto fue mi mejor auto-regalo», concluye.