Europa

I / Competitividad internacional: Un país que baja por Gustavo de ARÍSTEGUI

Se necesita una política sólida para recuperar la presencia internacional perdida

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Llegamos al final de casi ocho años de Gobierno socialista, instalado en graves errores, sin que la política exterior haya podido escapar a esta tragedia. Ningún Gobierno responsable y serio puede degradar una política de Estado y convertirla en un eje esencial de su táctica partidista, lo que ha convertido a España bajo Gobierno socialista en un elemento excéntrico de nuestro entorno. Zapatero y el PSOE bajo su dirección la utilizaron, por una parte, como un elemento de definición ideológica de sus políticas más a la izquierda de la socialdemocracia y, por otra, como una eficaz estrategia de fidelización del voto de izquierda e izquierda extrema. Sólo así se puede entender que se quebrase la sensatez, el equilibrio y la centralidad en la gestión de la política y presencia internacionales de España. No podemos olvidar que la política exterior debe ser uno de los instrumentos esenciales de defensa de los intereses de España y de sus ciudadanos, la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos. Veremos cómo el Gobierno socialista ha fracasado en todos estos frentes.

El Ejecutivo socialista definió la relación de España con la primera potencia mundial en función del inquilino de la Casa Blanca, subordinando los intereses generales de España a sus sensibilidades ideológicas. No siempre se estará de acuerdo con todas las democracias con las que tenemos relaciones, ni tan siquiera con socios y aliados de la UE o la OTAN, pero tensar las relaciones por la animosidad hacia un presidente de EEUU o su partido es de una irresponsabilidad sin precedentes. Recordemos cómo el ministro de Fomento declaró cuando ganó Obama, desde la más grave ignorancia de los usos y costumbres diplomáticos, «han ganado los nuestros». Un perfecto disparate.

Decíamos que la promoción de la democracia y de los derechos y libertades individuales debe constituir uno de los ejes de la política exterior de cualquier democracia. Por ello resulta incomprensible el acercamiento, cordialidad y total y completa laxitud frente a la dictadura de los hermanos Castro o el régimen populista y caudillista de Hugo Chávez, cada día más instalado en feroz e indisimulado totalitarismo. La actitud de un Gobierno serio ante las dictaduras debe ser de firmeza y exigencia sin importar el color político de la misma. No se puede pretender, como ha dicho algún dirigente socialista, que estaban «más cerca de ellos» –por la dictadura cubana– que del PP. Increíble pero cierto.

Fracaso de la Alianza de Civilizaciones certificado por las revueltas en el mundo árabe, y antes por la revolución «verde» de Irán, país islámico chií, no árabe, contra el pucherazo de Ahmadineyad. Otro golpe certero a la democracia y los derechos humanos. Las revueltas en el mundo árabe, como antes la de los iraníes contra su régimen totalitario, ponen de manifiesto que el mundo árabe y el mundo islámico no árabe quieren democracia, libertad, dignidad y justicia, y la Alianza tal y como la concibe el Gobierno socialista, legitima a esos regímenes, pues muchas de las dictaduras derrocadas o contestadas eran activos partícipes de la iniciativa. No debemos confundir la concepción socialista de su improvisada ocurrencia con el ejercicio de la ONU que surge en 2001 con el nombre de diálogo de civilizaciones, hoy de nombre homólogo a la del Gobierno socialista pero de contenido bien distinto.

Todos esto ha provocado una preocupante pérdida de peso e influencia internacionales de España. Para poner remedio a esto, la política exterior debe volver a ser una política de Estado, fundamentada en el consenso, la defensa de nuestros intereses desde la sensatez y la firmeza, la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos. Un país como el nuestro, víctima del terrorismo durante décadas, debe poner en el centro de su política exterior la lucha contra el terrorismo en todos los ámbitos internacionales, los multilaterales como la ONU, entre nuestros socios en la UE, y en la política bilateral, pues algunos países, aún hoy, mantienen actitudes de complicidad o encubrimiento de terroristas, ya sea de ETA o de cualquier otra ideología. La firmeza internacional debe ser total. Del mismo modo el crimen organizado debe formar parte de nuestra acción exterior, pues es una muy grave amenaza a nuestra seguridad y estabilidad.

En tiempos de crisis económica es un momento propicio para impulsar el aspecto económico, comercial, inversor y financiero de la política exterior. Conviene recordar que España ha llegado a tener el primer déficit exterior del mundo en términos relativos, después de EEUU, y el segundo en términos absolutos. El Estado debe ayudar a nuestras empresas a mejorar su presencia y posición en los mercados internacionales. Otros países llevan décadas haciéndolo y la diferencia es abismal, las embajadas e incluso los consulados deben convertirse en agentes comerciales activos y tenaces de los intereses económicos de nuestro país.

España tiene una larga historia, una rica y diversa cultura y un idioma común universal, que tiene un valor económico, político y de prestigio e influencia internacionales literalmente sin límites. El español es hablado como lengua materna por 400 millones de seres humanos. Sólo este dato nos da una proyección mundial incalculable.

Se debe diseñar una política exterior sólida, moderada, sensata, equilibrada, con altura de miras, sentido de Estado, comprensión global de la geoestrategia y de graves desafíos a los que se enfrenta el mundo del siglo XXI. España tiene unas prioridades geopolíticas más allá de Europa, el Magreb y Oriente Medio e Iberoamérica, esenciales y estratégicas. Por otra parte, la incorporación a nuestras prioridades de otras zonas geográficas de creciente importancia como Asia-Pacífico y África, debe tener contenido real, sabiendo adaptar nuestros medios necesariamente mermados por la crisis, a las necesidades reales y perentorias de nuestra política exterior.

Muchas veces hemos escuchado el clásico discurso socialista de que España es una potencia media, lo que es cierto desde el punto de vista de nuestro tamaño y población. Pero nuestros intereses y proyección deberían tener vocación global, de ahí que el Gobierno del PP se planteó la necesidad de formar parte del G-8, siendo criticado por el PSOE. Hoy debemos confirmar nuestra pertenencia de pleno derecho al G-20 que va a jugar un papel de revigorizada importancia en el mundo globalizado e interdependiente, de nuevos actores internacionales y de viejos y nuevos retos, desafíos y amenazas, muchos de ellos muy graves y peligrosos, que muchas veces la crisis económica nos ha ocultado.


Gustavo de Arístegui
Portavoz de Exteriores del Partido Popular


EN PRIMERA PERSONA
Luis del Olmo. Consejero delegado de Avanza
«La expansión internacional permite ofrecer soluciones a clientes españoles en el extranjero con los mismos estándares de calidad»
Avanza se constituyó en España en 2003 y dos años después comenzamos la expansión internacional con el inicio de operaciones en Argentina. Además de aumentar nuestra cartera con clientes locales de cada país, nos ha permitido ofrecer soluciones a nuestros clientes españoles en el extranjero con los mismos estándares de calidad. Así, Avanza se ha convertido en una empresa con más de 7.000 empleados, que tiene además entre sus grandes retos el de poder seguir generando empleo.