La frontera a punto de estallar

Las cifras de inmigrantes que huyen del conflicto en Libia son cada vez más alarmantes. En Ras el Jedir, Túnez, el domingo lograron cruzar la frontera 14.000 personas y –según Acnur– ayer lo hicieron otras 15.000. Al otro lado, en Salum, Egipto, el Gobierno egipcio detalla que desde el 19 de febrero unas 69.000 han conseguido huir por el paso fronterizo.

La Razón
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Incluso, en la Organización Internacional de Migrantes (OIM) explican que unos 3.000 nigerinos están en uno de sus centros en Dirkou. Tanto Túnez como Egipto acaban de sufrir una fuerte crisis, por lo que no se encuentran en las mejores condiciones para asistir a la avalancha de refugiados que espera al otro lado del muro. Aun así, la agencia de la ONU para los Refugiados informa de que los tunecinos, su Media Luna Roja y su Ejército están ofreciendo «un apoyo sin precedentes», pero reconoce que están al límite de sus capacidades. El personal de Acnur narra cómo miles de huidos llevan más de tres días esperando en la zona libia para entrar: «Pasan la noche a la intemperie, soportando un frío intenso y sin ningún tipo de cobijo». Según Efe, la versión oficial de las autoridades tunecinas es que la frontera no ha sido cerrada, sino que se «se está estableciendo la mejor forma de evitar que la gente se agolpe en los controles y no haya forma de canalizarlos». En la OIM tampoco dan abasto. La organización ya ha pedido 14,7 millones de euros para asistir a 10.000 personas, pero Bangladesh, Moldavia, Montenegro, Nepal, Filipinas, Sri Lanka y Vietnam necesitan su ayuda para evacuar a sus nacionales.

«Terminarán siendo más de 50.000 y los desplazamientos son tan caros... Además es tan duro lo que viven que les hacen falta cuidados tanto psicológicos como físicos», señalan fuentes de la OIM a LA RAZÓN. «Pero sobre todo nos preocupan las decenas de miles de habitantes del África Subsahariana que no han conseguido llegar a la frontera». Al parecer, tienen escasos recursos y mucho miedo no sólo por la volátil situación libia, sino también por ser confundidos con mercenarios. «Nos llegan emails de gente enferma y ya sin comida que no sale de su casa por temor a represalias».