El Año de la fe contra la «desertización espiritual»

A los 50 años del Vaticano II, el Papa se vuelca con la nueva evangelización

MADRID- Entre el 11 de octubre de 1962 y el 11 de octubre de 2012 han pasado 50 años, pero un mismo espíritu ha reinado en la plaza de San Pedro. En la primera fecha, Juan XXIII inauguró el Concilio Vaticano II, en la segunda, Benedicto XVI dio comienzo al Año de la fe.
El Papa inició ayer este año con la celebración de una multitudinaria misa en la plaza de San Pedro del Vaticano, a la que acudieron miles de fieles. Durante la homilía, el Papa aseguró que ha aumentado la «desertización espiritual» del mundo y es necesario apoyarse en los textos del Concilio para volver a anunciar a Cristo a todos los hombres.

Acompañado por el patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, y el arzobispo de Canterbury y primado de la Comunión Anglicana, Rowan Williams, Benedicto XVI afirmó que el Año de la fe es más necesario que nunca en el mundo actual, que vive «sin Dios», de espaldas a Él.

Del mismo modo, tanto en los años del Concilio como en la actualidad, el reto es «presentar la fe de modo eficaz. Si los padres conciliares se abrieron con confianza al diálogo con el mundo moderno era porque estaban seguros de su fe, de la roca firme sobre la que se apoyaban», dijo Benedicto. Recordó cómo hace cincuenta años el papa Juan XXIII se asomó a la misma ventana y habló con palabras «inolvidables», llenas de «bondad y poesía».

Con emoción

El Papa exhortó a todos a la conversión personal, volver a la fe para afrontar con confianza la Nueva Evangelización. Él mismo participó en el Vaticano II cuando era un joven de 35 años, profesor de Teología, y explicó que el Año de la fe está vinculado al concilio, cuyo supremo interés fue que «el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz».

El Obispo de Roma, al que se vio emocionado en algunos momentos, recordó que durante el concilio «había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe» en su tiempo, «sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado». «Por ello considero que lo más importante es que se reavive en la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo. Pero, con el fin de que este impulso interior a la nueva evangelización no se quede en un ideal, ni caiga en la confusión, es necesario que se apoye en una base concreta y precisa, que son los documentos del Concilio», dijo.

Por su parte, el patriarca ortodoxo Bartolomé I destacó el avance del ecumenismo impulsado por el Vaticano II y abogó para que ese diálogo, que ha propiciado, entre otras cosas que las excomuniones recíprocas entre Oriente y Occidente del cisma de 1054 se hayan superado, lleve finalmente a la unidad de los cristianos.

Respaldo a los padres conciliares
Una procesión presidida por el Papa y compuesta por 400 obispos, en recuerdo de la del 11 de octubre de 1962, cuando los 2.540 padres conciliares entraron en la basílica de San Pedro, abrió la ceremonia. De aquellos 2.540 obispos aún están vivos 69. De ellos, catorce concelebraron hoy con Benedicto, entre ellos el cardenal brasileño Serafim Fernandes, de 88 años; el arzobispo mexicano de 90 Arturo Antonio Symanski; el uruguayo Roberto Cáceres, de 91 años; y el brasileño José Mauro Ramalho, de 87 años.