OPINIÓN: Medio ambiente y ambiente de miedo

 
 

Afortunadamente Madrid se encuentra hoy muy lejos de los episodios de contaminación que se vivían hace décadas. Todos los datos disponibles confirman que nos encontramos en los niveles más bajos desde que se mide la calidad del aire en nuestra ciudad. Sin embargo, a juzgar por lo difundido por determinados medios y la reacción de determinados responsables políticos estos días, algunos podrán pensar que la evolución ha sido la contraria y que nos encontramos en una situación de alerta. No es cierto en absoluto.

Lo que ha habido es una previsión de aumento de la contaminación debida a la situación de tiempo anticiclónico de estos días, por la cual el Ayuntamiento ha venido recomendando el uso preferente del transporte público. En los pasados días no se ha llegado ni tan siquiera a alcanzar el nivel de aviso a la población marcado por el propio Ayuntamiento en 250 microgramos. Y, por supuesto, hemos estado muy lejos del nivel de alerta que marca la Unión Europea: 400 microgramos en todas las estaciones de medición de una zona durante tres horas consecutivas.
De hecho, estamos tan lejos que la oposición municipal nos ha llegado a reprochar que ese nivel no lo vamos alcanzar nunca, como si esto les decepcionase de algún modo.

Al margen de intenciones y valoraciones, la realidad es que con el año 2011 han entrado en vigor unos nuevos objetivos de calidad del aire mucho más ambiciosos. Lo cual es algo indudablemente positivo que no debe servir de pretexto para el alarmismo.

Primero, porque Madrid cumple con todos los parámetros, excepto con los establecidos para el dióxido de nitrógeno. Y segundo, porque la presencia de este contaminante también se está reduciendo, aunque no sea a la velocidad que desearíamos. Concretamente, desde 2003 se ha reducido en un 11,5 por ciento y desde 1992 (momento desde el cual se dispone de series homogéneas de datos de medición), un 32,30 por ciento. Estamos, por tanto, acercándonos al objetivo de 40 microgramos marcado la Unión Europea, que coincide con la recomendación de la Organización Mundial de la Salud y es el doble de exigente que el marcado por la Agencia de Protección del Medio Ambiente en Estados Unidos. Aunque todas las grandes ciudades han puesto en marcha numerosas medidas para alcanzar este objetivo de calidad, no resulta una tarea fácil. Tanto es así que la propia Directiva contempla un margen de hasta cinco años de prórroga para su cumplimiento. En todo caso, lo que no reduce un solo microgramo la contaminación es el alarmismo injustificado.

Y es que una cosa es preocuparse por el Medio Ambiente (lo que exigiría menos titulares y más medidas efectivas, como la revisión de la fiscalidad de los automóviles que el Gobierno de España se niega a abordar) y otra muy distinta es esforzarse por generar un ambiente de miedo, que como la «tensión» parece, para algunos, un recurso electoral desesperado cuando todo se ha dado ya por perdido.