Cañizares alerta sobre el actual laicismo radical

«Vivimos una situación en la que se contempla la secularización externa e interna de la Iglesia, junto con un laicismo radical y agresivo que se nos impone, así como un oscurecimiento y quiebra de lo humano y moral graves, que tiene muchas manifestaciones», con estas palabras inició ayer la homilía previa al acto de apertura del curso académico de la Universidad Católica de Murcia, el cardenal prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Antonio Cañizares.

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También subrayó la necesidad de «una nueva y fuerte posición del espíritu que purifique, renueve, encienda y alegre las entrañas del mundo, al tiempo que ponga en pie a la Iglesia en medio de las plazas y levante testigos en el pueblo».

En este sentido, continuó, «es Dios quien ha de regir soberana y exclusivamente la vida de quienes sean sus testigos en medio de la sociedad». De este modo, explicó que si esto ha sido verdad para cualquier época «lo es mucho más para nuestra sociedad secularizada, cuando el ser humano y su mundo cerrado son el único punto de referencia de todo pensamiento y acción, que se experimenta de manera singular en el ámbito universitario».

Por otro lado, y en referencia al mensaje que el Papa Benedicto XVI transmitió el pasado fin de semana durante su visita a Santiago de Compostela, Cañizares incidió en que la nueva evangelización que urge y apremia «será un eslogan vacío sin un número suficiente de hombres y mujeres apostólicos que atestigüen con sus vidas que Dios merece ser amado y servido sin condiciones ni reservas». De este modo, animó a «abrir enteramente nuestras puertas a Cristo sin ningún tipo de miedo, porque sólo así se encontrará la razón profunda de las cosas, la verdad y aquello que la universidad debe ofrecer, la verdadera sabiduría», en relación a la petición que el Papa realizó a sus fieles.

Cañizares recordó que, en las situaciones históricas de adaptación, como la que se está viviendo en el mundo y en España actualmente, «es el espíritu quien nos da sabiduría y fortaleza para afrontar con lucidez y valentía las nuevas y apremiantes necesidades con las que el pueblo cristiano se encuentra, y permanecer fieles a la voluntad de su Señor, en medio de ellas». «Necesitamos conocer y experimentar la sabiduría de la Cruz y la de Dios, preferible a toda riqueza y poder, y que el Espíritu Santo nos conduzca a la verdad plena y nos guíe prudentemente en nuestras obras y nos asista en nuestros trabajos», enfatizó. En este sentido, añadió que «la Universidad Católica debe conducir a la edificación de una humanidad nueva que no es posible sin la palabra de Dios».