Cuidado con las estrellas

Una contemplación excesiva suaviza de tal modo las defensas contra lo cursi que se cae en ello con gran facilidad

Cuidado con las estrellas
Cuidado con las estrellas

Caer en la más rotunda cursilería tiene su origen en las estrellas. Los enamorados, las víctimas del amor veraniego, tienen el deber de evitar la contemplación de las estrellas en noches despejadas de nubes. La dignidad del ser humano se pierde por completo cuando se buscan constelaciones y se termina abrazando y besando al ser amado segundos más tarde de descubrir a la Estrella Polar. Para los que viven en el hemisferio sur la Cruz del Sur equivale a nuestra Estrella Polar.

Una contemplación excesiva de las estrellas suaviza de tal modo las defensas contra lo cursi que se cae en ello con gran facilidad. Y es lógico. No se consideren los que se abrazan y besan después de descubrir el brillo acusado de la Estrella Polar unos delincuentes. Son personas normales. Todos hemos caído en el influjo y el prodigio de las estrellas, y todos hemos dicho bajo su manto misterioso las cosas más terribles de nuestra vida. Por ejemplo, y sin caer en exageraciones. Chomin Jaureguigoitia Echanove, pescador de bajura de Fuenterrabía, recién desembarcado, acudió a recoger a su novia, Mirenchu Aguirrebaso. Noche estrellada. Contemplación de las estrellas en el paseo de la playa. Chomin, joven poco hablador, embriagado por la belleza de la noche, le susurró a Mirenchu: «Querida amiga: cuando yo esté en la mar, mira a la Estrella Polar, que yo haré lo mismo. Así nos miraremos a los ojos». A la mañana siguiente, Chomin recordó lo que le había dicho a Mirenchu y se colgó del primer árbol que encontró.

La excesiva consumición de alcohol agudiza el gusto por las estrellas, amén de provocar que su número se multiplique por dos como consecuencia de la tajada. Una Estrella Polar es peligrosa. Dos estrellas polares pueden provocar una confusión amorosa de muy difícil reparación. Joaquim Ferrusola Clos-Gabás se hallaba en la playa de Salou en compañía de su amada, Kika Rifé Simó. La tía Marta de Joaquim le había recomendado la contemplación estelar. Kika Rifé Simó, hija de los dueños de la cadena de ultramarinos «Rifé Colonial», no pensaba en las estrellas. Pensaba en la fortuna de los Ferrusola Clos-Gabás procedente de sus tiendas dedicadas a la floristería. En un momento dado, Joaquim besó a Kika apasionadamente. Ella se sorprendió. «¿Por qué me besas tan de improviso?»; «Has de ver que he descubierto la estela del Pol Nord»; «Pues tú has de ver que te metas la estela del Pol Nord por donde te quepa». Y se devolvieron los rosarios de sus respectivas madres y se quedaron con todo lo demás. No a todas las mujeres les influye positivamente la Osa mayor y la Estrella Polar. Tiento, cuidado, oportunidad y tino. Pero mejor declararse el amor en las noches nubladas con las estrellas convenientemente escondidas.