A largo plazo

La Razón
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Me meto en la sucursal del Banco, sin cosa que hacer aquí, por aprovechar lo que me toque de su calefacción; que sopla por ahí que pela; me coloco en un rincón cerca de cajas, y le toca ahora a uno que conozco, el quiosquero de la esquina; pego la oreja, disimulando con un librejo, y grabo el diálogo para los lectores: -Hola. Mire, es sólo que, con la de menudencias que vendo en el puesto y tantos que no llevan suelto, ando siempre apurao de cambio, así que a ver si me podía preparar ahora un surtido de monedas que le parezca, y mejor si en cartuchos: ¿Puede ser? -Nada más simple, señor Pin, que le conozco de pasada por el cartel. ¿Qué cantidad pensaba? -Pues unos 3.000 o así, ¿no? -Digamos 4, por margen de seguridad. Tiene cuenta con nosotros, claro. -Ahí va la cartilla -Ahá. Veamos, mientras se prepara la máquina de… Pero oiga, señor Pin: ¿qué es lo que aquí veo? -¿Qué ve? A ver. -Veo, con su permiso, que en este momento tiene su saldo en los términos de más peligro. -Peligro, ¡ay, Dios!, ¿de qué? -De caer entre los límites de la norma de supergravación de fondos inactivos. -Norma de super… ¿qué me dice? -Que, si se descuida, se queda al ras en 3 días. -¿Eh? -Mire el organigrama. -No, que me mareo; pero dígame, amigo: ¿Qué tengo que hacer para escapar de eso? -Una cosa, y rápida: invertir. -¿Invertir? Pero ¿en qué coños …? -En unos muy buenos que acabo de oír que han salido a oferta: va a tener suerte, Pin. Venga, pase por aquí, que le presento a don Anselmo, el subdirector, que es el que más sabe de esto, que te lo va a arreglar todo. -¡Vaya por Dios!, pues sí que… -Don Anselmo, aquí nuestro cliente el señor Pin. Ahí tiene el estado de cuenta y demás datos: un caso típico, yo creo… -Ya, ya veo: desviación urgente de líquidos inoperantes. Gracias, García. Tome asiento, señor Pin, que en un momento trazamos un plan que deje su capital al margen de todo riesgo. -Pero y, García, esos miles en moneditas… -No te inquietes, Pin, yo te guardo ahí los cartuchos para cuando puedas atender a eso; por hoy, no creo que vayan ya a hacerte falta. Y, en efecto pasan horas, se hacen ya las 2, y mi pipero no sale del despacho. ¿Habrá alguno de mis amigos médicos leído esto? Seguro que reconoce que en todas partes cuecen habas: miserias, dolores, toses que al paciente lo traigan a la consulta atosigao, se dejan de lado, se descartan en un 2 por 3: lo que importa y urge es el grave y último mal que el examen ha revelado que estaba oculto amenazándolo al paciente. El miedo a largo plazo: ése es el primero al que hay que atender: ¿no es lógico?