CRÍTICA DE CINE / «También la lluvia»: La mala conciencia

Dirección: Iciar Bollaín. Guión: Paul Laverty. Intérprete: Luis Tosar, Gael García Bernal, Juan Carlos Aduviri, Karra Elejalde. España 10. Duración: 100 minutos. Drama

 

Cine dentro del cine para hablar de la falta de compromiso con la realidad. Juego de espejos que propone rimas provocativas entre el pasado colonizador de los españoles y el presente colonizador de los financieros del celuloide que buscan mano de obra barata en la población indígena. El oro y el agua, bienes preciados. El cine, siempre menos importante que la vida. La vida, en peligro para aquellos que no cenan con las fuerzas vivas, que no beben vino en hoteles con aire acondicionado y no se dejan llevar por su cobardía al primer disparo. Elementos que configuran este remedo educado de «The Last Movie», relleno de buenas intenciones y grandes palabras, en el que los personajes –en especial Costa (Tosar) y Sebastián (García Bernal), productor y director de la película definitiva sobre la conquista de América –cambian de chaqueta según le interesa al guionista de Ken Loach (¿alguien puede llegar a creerse que un tiburón como el que interpreta Tosar se convierta de la noche a la mañana en hermanita de la Caridad?) y el mensaje que denuncia la hipocresía del imperialismo español –o del poder aplastante del Primer Mundo contra el Tercero– resulta igual de hipócrita. Estaría bien preguntarle a Iciar Bollaín cuánto cobraron los extras indígenas de «También la lluvia» para comprobar que nuestro cine no sigue aprovechándose de la pobreza boliviana. Es lo que tiene el cine social con toma de conciencia incorporada: que acaba por confundir predicar con el ejemplo con forzar la conciliación entre opresores y oprimidos.