El único fracaso de Sara Montiel por Jesús Mariñas

Montiel, por las calles de Madrid
Montiel, por las calles de Madrid

En marzo cumplirá 85 años. Sara Montiel es un mito en carne viva y todavía sigue sorprendiendo en sus entrevistas, como ocurrió el pasado domingo en el programa que Inés Ballester –siempre cálida, entregada y entrañable– presenta para homenajear los grandes de «Nuestro cine». Sus protagonistas van más allá de los repetidos Martínez Soria y Manolo Escobar, ya fijos en «Cine de Barrio». ¡Qué hartazgo de películas mediocres! Sin embargo, lo de Sara comentando «La violetera» tuvo otro fuste. En la tertulia participaron Enrique Cerezo –que durante años exportó la filmografía internacional de Saritísima y dejó buena constancia de cómo la adoraban en Rusia y la India–, una Paloma Gómez Borrero buena conocedora de la manchega, y el cínico escepticismo de Jaime Peñafiel que, sin embargo, denunció que Sara y su entonces marido Chente «habían pagado 50.000 pesetas para tener una audiencia especial con Pablo VI», entonces Sumo Pontífice.

Paloma lo rechazó en seguida y aseguró que «las audiencias no se cobran», y cuestionó al tiempo que Su Santidad recomendara a Sara participar en una biografía de cierta Magdalena italiana. La artista dejó bizcos a los presentes cuando aseguró que el Pontífice «tenía una colección de fotografías mías». Cuesta creerlo en persona tan estricta y reservada, pero no hay por qué descartar que ocurriera como ella señaló.
Sara es un personaje inefable e irrepetible no sólo por su belleza única bien plasmada en «La violetera», sino también por salidas y arranques singulares. Tiene la cabeza aún en su sitio con frescas vivencias de su etapa hollywoodiense en un tiempo en que la meca del cine no estaba al alcance de cualquiera. Dejaron pasmados la selección de escenas con Burt Lancaster, Gary Cooper y aquellas riendo histéricamente con James Dean «al que cada mañana preparaba huevos fritos con ajos al modo manchego. Le encantaban y no me costaba darle gusto porque teníamos bungalows vecinos», reseñó.

Exclusividad
También narró sus encuentros con Marlon Brando que firmaba «Guys and Dolls» con Sinatra mientras rodaba «Serenade» («Dos pasiones y un amor») con Joan Fontaine y Mario Lanza, famoso por «El gran Caruso». Memoria del dorado Hollywood de los mejores tiempos «con directores y figuras irrepetibles», subrayó Cerezo. Sara abandonó ese mundo cuando firmó una exclusiva para realizar ocho películas con Cesáreo González y Benito Perojo, abuelo de Carlos Goyanes.

También recordaron en el programa su etapa mexicana con la serie de Martín Corona, su emparejamiento con el mítico Agustín Lara y el primer matrimonio con Anthony Mann, otro imprescindible del buen cine con «Winchester 75». Con él maridó dos veces, la última en artículo mortis. Sara, que sigue siendo inefable pero accesible, aseguró que «mi único fracaso fue con Miguel Mihura, que no quiso casarse conmigo porque me llevaba 25 años. Fue mi primer hombre». Sin duda, una tarde doblemente histórica, lleve usted este ramito...